6 de abril de 2014

La mujer en las óperas de Wagner (III) Isolda (Tristán e Isolda)




“Tú eres Elisabeth, Elsa, Isolda, Brunilda, Eva, reunidas en una sola persona”. Esto es lo que Wagner le decía a Cosima Liszt, según cuenta ésta en su diario. ¡Ahí es nada! El amor llevado hasta la muerte desde un postura más bien convencional (Elisabeth), malogrado por los celos y la desconfianza (Elsa), la actitud independiente, aguerrida y segura (Brunilda), la alegría, la picardía y la determinación (Eva) y nada menos que Isolda. ¡Vaya con Cosima!

Isolda, pareja enamorada de Morold y que, aunque sea con la ayuda de un filtro, acaba perdida de amor por Tristán abandonando su pasión anterior, como Cosima abandona a su marido Hans von Büllow para irse a vivir con Wagner.  Cosima, que sufre las dificultades de una separación e incluso piensa en alguna ocasión en el suicidio,  La primera hija de Wagner y Cosima se llamó Isolda (la segunda, Eva). Fuera de estas coincidencias o posibles similitudes Isolda no es Cosima, Isolda es Mathilde Wesendonck.



Wagner lee su libreto de Tristán e Isolda entre otras personas a Cosima, recién casada con Hans von Büllow. No conozco los detalles de cómo fue pero quizá ahí pudo surgir el germen de la futura relación. Wagner, antes de vivir con Cosima había tenido otras dos relaciones fundamentales en su vida, una de ellas, y muy apasionada, como lo es Isolda y su vivencia amorosa, fue con Mathilde Wesendonck, inspiradora del personaje y de la historia de Tristán e Isolda. También en esa reunión está presente Mathilde.

Isolda es un personaje muy romántico, cargado de un erotismo profundo y quizás el más trágico de Wagner. Es la mayor representación del enamoramiento por encima del amor real. Un retrato de cómo fue la relación entre Wagner y Mathilde.

Sin embargo Isolda, a la vez que personaje romántico es también una mujer segura, decidida y que casi siempre sabe mejor que Tristán por dónde debe discurrir su relación y lleva la voz cantante. No siente remordimientos por olvidar a Morold  y no se deja arrastrar por la comodidad que podría darle el amor del rey Marke. 

En el primer acto Isolda está furiosa con Tristán que la lleva al reino de Marke, con el que tiene que casarse. Está muy enojada porque además de que Tristán mató a su prometido, Morold, se ha portado rematadamente mal con ella que le había salvado la vida y le había permitido huir. Ambos descubren su pasión después de beber el supuesto veneno que ha preparado Brangania que es en realidad una poción que hace surgir el amor. A partir de ese momento su relación es apasionamiento pero también tragedia, culminando en  el bellísimo Liebestod o Muerte de amor de Isolda.

Cantado por mi admirada Waltraud Meier y dirigido por Baenboim. Primero el texto:

Cuan dulce y suave
sonríe,
como se entreabren
sus ojos tiernamente
¿Le veis, amigos?
¿No le veis...?
¡Cómo resplandece
con luz creciente!
Cómo se alza
rodeado de estrellas.
¿No le veis?
¡Cuán valiente y henchido,
lleno y sublime,
se le inflama el corazón
en el pecho!
Y de sus labios
deleitosos y suaves
fluye un hálito dulce y puro:
¡Amigos, mirad!
¿No le percibís? ¿No le veis?
¿Tan sólo oigo yo esa melodía,
que tan maravillosa y quedamente,
suena desde su interior
en delicioso lamento
que todo lo revela,
en tierno consuelo, gentil reconciliación,
penetrando en mí, elevándose,
en dulces ecos
que resuenan en mí?
Esa clara resonancia que me circunda
¿es la ondulación de delicadas brisas?
¿Son olas de aromas embriagadores?
¡Cómo se dilatan y me envuelven!
¿Debo aspirarlas?
¿Debo percibirlas?
¿Debo beber o sumergirme?
¿O fundirme en sus dulces fragancias?
En el fluctuante torrente,
en la resonancia armoniosa,
en el infinito hálito
del alma universal,
en el gran Todo...
perderse, sumergirse...
sin conciencia...
¡supremo deleite! 




Wagner abandonó la composición de El anillo del nibelungo  para llevar a cabo la de Tristán e Isolda y, yo, desde mi personal acercamiento a sus óperas, no lo imagino de otra manera, al menos desde mi visión de sus personajes femeninos. Fricka, Erda, Brunilda  viven y se relacionan con una independencia y un poder mayor que las protagonistas de las óperas anteriores, Isolda es de alguna manera un puente entre la  representación total del amor romántico, exclusivamente emocional y el avance de la mujer segura y decidida que serán Eva, de Los maestros cantores, y Fricka, Erda y Brunilda, dejo aparte a Siglinde y, de momento a Kundry, de Parsifal.

A pesar de la inspiración en su feliz y arrebatadora relación con Mathilde Wesendonck, Wagner crea una obra en la que el amor está teñido de pesimismo y tragedia, quizá porque fue terminada después de que tuvo que abandonar a Mathilde y, por lo que he leído sin entrar en ello, por la influencia de la filosofía de Schopenhauer, principalmente en el dúo del segundo acto.

De nuevo Barenboim, Waltraud Meier con Siegfried Jerusalem (algo le falta, sobre todo si no cierro los ojos cuando le escucho).

Aquí el texto:

TRISTÁN
¡Oh, estábamos, pues,
consagrados a la noche!
¡El pérfido día
dispuesto a la envidia
podrá separarnos con sus ardides,
pero ya no logrará engañarnos
con su mentira!
De su vano esplendor,
de su resplandor jactancioso
se burla la mirada de quien
se consagró a la noche.
Sus vacilantes rayos de luz incierta
ya no pueden cegar nuestros ojos.
Ante aquellos que
la noche de la muerte
descubren con amor
y que en su hondo misterio confían,
desprecian las mentiras del día
y gloria y honor,
riqueza y poderío,
con su imponente brillo,
cual vano polvo iluminado por el sol,
se disipan ante ellos en un instante.
¡Entre las vanas quimeras del día,
sólo les queda un único deseo…
el perdurable anhelo
de la sagrada noche,
donde cual eterna
y única verdad
sonría el amoroso deleite!

AMBOS
¡Oh, desciende,
noche de amor,
dame el olvido,
de que vivo!
¡Recíbeme
en tu seno,
libérame
del mundo!

TRISTÁN
Así moriríamos
para estar más unidos,
ligados eternamente,
sin fin,
sin despertar,
sin angustias,
sin nombre,
aprisionados por el amor,
entregados el uno al otro,
¡para sólo vivir por el amor!

ISOLDA
Moriríamos así
para estar juntos…

TRISTÁN
…ligados eternamente,
sin fin…

ISOLDA
…sin despertar…

TRISTÁN
…sin angustias…

AMBOS
…sin nombres,
aprisionados por el amor,
entregados el uno al otro,
¡para sólo vivir por el amor!

ISOLDA
¡Que nos dure para siempre la noche!

AMBOS
¡Oh noche eterna,
dulce noche!
¡Noche de amor
de sublime arrobamiento!
A quien amparaste,
a quien sonreíste,
¿cómo podrían sin angustia
despertar fuera de ti?
Sólo tú destierras las congojas,
muerte amable,
y disipas inquietudes y temores.
¡Muerte de amor!
En tus brazos consagrados a ti,
con tu calor sagrado,
se liberan de las miserias
del despertar.

TRISTÁN
¿Cómo alcanzarla?
¿Cómo rehusar
a tal delicia?…

AMBOS
¡Lejos del sol
lejos de la cruel
separación del día!

ISOLDA
Sin quimeras…

TRISTÁN
…apacible deseo;

ISOLDA
…sin angustias…

TRISTÁN
…dulce anhelo.
Sin sufrimientos…

AMBOS
…sublime desvarío.

ISOLDA
Sin claudicaciones…

AMBOS
…propicias tinieblas.

TRISTÁN
Sin ausencias…

AMBOS
…sin separaciones,
íntima soledad
en los eternos lares,
en los espacios inconmensurables,
en sueños sobrehumanos.

TRISTÁN
Tristán tú,
yo Isolda,
¡no más Tristán!

ISOLDA
Tú Isolda,
Tristán yo,
¡no más Isolda!

AMBOS
Sin nombres,
sin separación.
Una nueva esencia,
una nueva llama ardiente,
sin fin, eternamente,
sientiéndonos como un sólo ser,
un corazón abrasado
¡en el supremo amor voluptuoso!






Tristán e Isolda está considerada como una obra que, musicalmente se adelanta a su época y avanza en parte lo que será la música del siglo XX. Yo no me siento aún capaz de establecer lo que está reservado a personas más expertas que yo, pero sí puedo reconocer algo de esa influencia en Debussy que es un compositor al que escucho habitualmente, incluida su ópera Pelleas y Melisande en la que también utiliza el leitmotiv y la presencia de la música como un personaje más al igual que sucede en las óperas wagnerianas, Una música impresionista, con líneas melódicas poco claras, al menos para mí, en el caso de Tristán e Isolda. Intentaré poner un ejemplo: 

Canta Marjana Lipovšek 

Sola velo en la noche,
por vosotros,
a quien el sueño
del amor sonríe.
Y me apresto a dar
la voz de alerta
que a los que duermen
desgracias predice
y temerosa
exhórtalos a despertar.
¡Tened cuidado!
¡Tened cuidado!
¡Pronto se disipará la noche! 




Y de paso, el preludio y "Je ne pourrai plus sortir de cette forêt"  de Pelleas y Melisande con Donald Maxwell y Alison  Hagley dirigidos por Pierre Boulez.




Tristán e Isolda ha sido para mí la ópera de Wagner más difícil de escuchar. Ignoro si esto es algo habitual o no. Creo que en este caso la imagen y el texto me han ayudado en un principio, pero también me han impedido captar mejor la parte musical. Es algo que sospecho de todas las óperas en general, pero más en aquellas en las que el texto tiene una mayor calidad y más profundidad. Intentaré poner remedio. 

Para terminar, el hermosísimo Preludio dirigido por Wilhelm Furtwangler.



16 de febrero de 2014

La mujer en las óperas de Wagner (II) Elsa y Ortrud (Lohengrin)






La tercera ópera de la llamada trilogía romántica de Wagner es Lohengrin.

En Lohengrin, el personaje masculino principal, hijo de Parsifal, y que da nombre al título de la obra, es un caballero del Santo Grial; este tema, basado en lo que cuenta la tradición sobre el Santo Grial y los escritos a partir de dicha leyenda, aparece también en la última ópera de Wagner: Parsifal.



Claudio Abbado dirige a la Orquesta del Festival de Lucerne

Los personajes femeninos de Lohengrin son Elsa y Ortrud. Elsa, creada para una voz de soprano, es princesa de Bravante y se convertirá a lo largo de la obra en la esposa de Lohengrin. Su hermano, el niño duque de Bravante ha desaparecido. Telramund, un conde que se ha ocupado de tutelar a ambos acusa a Elsa de haber asesinado a su hermano. Ella pide ayuda al caballero del Grial al que ha visto en sueños y el conflicto se resuelve con un juicio de Dios en el que sale victorioso el caballero. Lohengrin y Elsa se casan. Lohengrin advierte a Elsa que nunca deberá preguntarle por su nombre ni por su origen, y aquí comienza el conflicto en el que, en el caso de Elsa, están involucrados el amor, el miedo de Elsa a perder a Lohengrin y la desconfianza alimentada por Ortrud.

Ortrud es la esposa de Telramund, se la califica normalmente como hechicera, pero, lo único que hace pensar en ello es que, al igual que Elsa según sus creencias o Lohengrin de acuerdo con su estirpe, menciona o pide ayuda a sus dioses, Ortrud es también descendiente de los antiguos gobernantes del país, y quiere conseguir el poder y el gobierno del ducado de Bravante para ella y Telramund.

Elsa es quizá el personaje femenino wagneriano que puede dar pie más fácilmente a la discrepancia en cuanto a su forma de ser; esto, incluso aunque conozcamos lo que dice Wagner sobre él o lo que cuenta la leyenda.

Wagner escribe acerca del personaje de Elsa: “Desde el principio vi en Elsa lo que siempre había soñado. Ella es la antítesis de Lohengrin -naturalmente no la antítesis total de este ser tan lejano, sino mas bien la otra faz de su misma naturaleza- es el necesario y deseado complemento de su parte masculina. Elsa es lo inconsciente, lo espontáneo, en lo cual, el consciente e inflexible Lohengrin, desea fundirse y este deseo hace que la parte espontánea e instintiva de Lohengrin se sienta unida al ser de Elsa. Esta capacidad de poseer una “conciencia inconsciente” ha hecho que yo, igual que Lohengrin, haya captado la naturaleza femenina -dándome el impulso necesario para plasmarla lo más auténticamente posible- con una comprensión cada vez más profunda.”

Cierto que Elsa es lo inconsciente y lo espontáneo frente a la racionalidad de Lohengrin pero la visión que de Elsa existe en las palabras de Wagner parece exclusivamente halagadora. Veo esa espontaneidad de Elsa más como una reacción elemental a la relación que Lohengrin impone, una reacción explícita en los celos (“¡Ahora veo claramente mi desgracia! El destino que abandonaste era, en verdad, tu suprema felicidad. Viniste a mí desde los gozos y... ¡aspiras volver a ellos!. ¿Cómo puedo creer, mísera de mí, que mi fidelidad es bastante para ti? “), la inseguridad, la posesión (“Ah, ¿cómo podría yo conseguir atarte realmente a mí?“), la sumisión a Lohengrin (“Como ahora estoy postrada a tus pies, así me entrego a ti por entero”) y a las normas establecidas, algo que, en parte, también le sucedía a la Elisabeth de Tannhaüser, y la falta de fuerza ante las maniobras de Ortrud para hacer crecer en ella la desconfianza hacia Lohengrin que, por otra parte, también hay que decirlo, sanciona unilateralmente lo que debe ser su matrimonio con Elsa; es un personaje impasible, orgulloso y egoísta.

Wagner da también otra interpretación, ésta más curiosa, pero a la vez muy interesante, sobre los personajes principales de la ópera. (Elsa) “el espíritu del pueblo que aspira profundamente a elevarse”, (Lohengrin) “que representa la élite de la inteligencia y del poder, y que, cualquiera que sea su generosidad, por su propia naturaleza, ofrece siempre al pueblo un cierto sentimiento de duda del que se aprovechan las fuerzas reaccionarias”. Algo de esa necesidad de encumbrarse hay en la naturaleza de las personas y, por supuesto, la duda es más que lógica, pero no sé cuáles son las fuerzas reaccionarias en el argumento de la obra, quizá Wagner no se refería a su ópera porque yo, al menos, no veo claramente que Ortrud y Telramund sean fuerzas reaccionarias, Ortrud quiere recuperar lo suyo, al igual que Elsa; quizá sí si se considera la participación de Lohengrin en la disputa por el ducado como algo revolucionario pero no en cuanto a la trama amorosa, lo que pretende Lohengrin con Elsa es más bien reaccionario.

ELSA
Nada podría devolverme el sosiego,
ni liberarme de mi locura..., nada sino
aunque me cueste la vida...
¡saber quién eres!

LOHENGRIN
Elsa, ¿qué pretendes?

ELSA
Desventurado y noble hombre,
escucha la pregunta que te hago:
¡Dime tu nombre!

LOHENGRIN
¡Detente!

ELSA
¿De dónde has venido?

LOHENGRIN
¡Desdichada de ti!

ELSA
¿Cuál es tu linaje?

LOHENGRIN
¡Ay de nosotros!. ¿Qué has hecho?




Ortrud también provoca opiniones contrarias. Al fin y al cabo es lo opuesto a Elsa, por tanto según la visión que tengamos de ella, así veremos a Ortrud.

Y de Ortrud, dice Wagner: “Ortrud es una mujer que no conoce el amor. Con esto está dicho todo, ésto basta para demostramos que se trata de un personaje terrible. Sólo vive para la politica. Un hombre politíco es desagradable, pero una mujer política es odiosa, y es a este odio al que debo dar vida. El único amor que existe en esta mujer es el que siente por el pasado, por las generaciones ya desaparecidas, un amor repulsivo, insensato, basado en un orgullo ancestral que se manifiesta a través del odio hacia todo lo que la rodea, hacia todo lo que existe. En un hombre este tipo de amor es grotesco, pero en una mujer es temible ya que -por su poderosa e instintiva necesidad de amar- el orgullo de raza, la pasión por el pasado se convierte en un fanatismo maligno. La historia nos muestra que las acciones más crueles son las de las mujeres politicas. No son pues los celos hacia Elsa -quizás provocados por Telramund- lo que Ortrud descubre al estallar su furia contenida en la escena del segundo acto, cuando sentada en los escalones de la catedral -tras desaparecer Elsa de la terraza- invoca los antiguos dioses ya olvidados. Es una reaccionaria que sueña sólo con el pasado, enemiga de todo lo nuevo desea exterminar el mundo que la rodea para devolver la vida a los dioses corrompidos, y en Ortrud ésto no es una fantasía enfermiza, posee toda la violencia -primitiva, inhumana, irracional- de la pasión que provoca esta necesidad de amar tan femenina que puede convertirse el algo espantoso.
Por esto el más pequeño detalle en su interpretación es importante; nunca debe parecer mezquina, maliciosa o herida en su amor propio. Todas las manifestaciones de su desdén y de su maldad deben traslucir la violencia de su delirio que sólo puede quedar satisfecho aniquilando a los otros... y al final a si misma.”
Cierto que Ortrud es ambiciosa, que no repara en nada con tal de conseguir su propósito pero tiene una fuerza totalmente opuesta a la debilidad de Elsa y no necesita que nadie la salve, es incluso más fuerte que Telramund.

ELSA
¡Oh, aires que con tanta frecuencia
os confié mis lamentos! 
¡A vosotros os debo gratitud
por cómo se ha cumplido mi dicha!

ORTRUD
¡Es ella!

TELRAMUND
¡Elsa!

ELSA
Vosotros le trajisteis.
Vosotros le allanasteis el camino.
Vosotros, que le protegisteis
de las salvajes tempestades del mar.

ORTRUD
¡Maldecirá cada uno de los instantes
en que mis ojos la han mirado!

ELSA
¡Con frecuencia acudí a vosotros
para secar mis lágrimas!.
¡Refrescad ahora mis mejillas
abrasadas por el amor!

ORTRUD
(a Telramund)
¡Fuera!
¡Márchate, vete un momento de aquí!

TELRAMUND
¿Por qué?

ORTRUD
Ella es mía...
¡A ti te pertenece el héroe!

ELSA
¡Refrescad ahora mis mejillas
abrasadas por el amor!,
¡por el amor!

ORTRUD
¡Elsa!

ELSA
¿Quién me llama?.
¿Quién pronuncia mi nombre
en la noche tan siniestro y suplicante?

ORTRUD
¡Elsa!.
¿Tan extraña te resulta ya mi voz?.
¿Acaso rechazas a la pobre mujer
que a tan lejano destierro envías?

ELSA
¡Ortrud!, ¿eres tú?.
¿Qué haces aquí,
mujer desdichada?

ORTRUD
¡"Mujer desdichada"!
¡No te falta razón para llamarme así!.
En la distante soledad del bosque,
donde vivía en paz y tranquilidad,
¿qué te hice yo?, ¿qué te hice yo?.
Desdichada, tan sólo estaba llorando
la desgracia que desde hace tiempo
persigue a mi estirpe.
¿Qué te hice yo?,
¿qué te hice yo?

ELSA
Por Dios, ¿de qué me acusas?.
¿Soy yo quien te trajo la desgracia?

ORTRUD
¿Cómo pudiste envidiar
la dicha que me supuso
el que me tomase por esposa
aquél hombre
a quien despreciaste?

ELSA
¡Dios misericordioso!
¿qué estás diciendo?

ORTRUD
Si un error le llevó a él a acusarte
de un crimen, mujer inocente...
su corazón se desgarra por la aflicción
y está pagando una terrible penitencia.

ELSA
¡Dios de justicia!

ORTRUD
¡Oh, tú eres dichosa!
Después de un breve sufrimiento,
ahora te sonríe la vida.
Dichosa puedes separarte de mí,
enviándome tras la estela de la muerte,
¡para que mi lúgubre desgracia
no venga a perturbar tu felicidad!

ELSA
¡Qué mal recompensaría tu bondad,
Todopoderoso, que me haces tan feliz,
si yo apartase a la desgraciada
que ante mí se postra en el polvo!
¡Oh, nunca, Ortrud!. ¡Espérame!
¡Yo misma te abriré paso!

ORTRUD
¡Dioses ultrajados!
¡Socorredme en mi venganza!.
¡Castigad la afrenta que os han hecho!
¡Dadme fuerzas
para servir a vuestra sagrada causa!
¡Aniquilad la vil locura
de los apóstatas!.
¡Wotan!,
¡a ti, suprema fuerza, te invoco!
¡Excelsa Freia, escúchame!
¡Bendecid mis ardides y mentiras,
para que mi venganza tenga éxito!

Aquí canta Waltraud Meier, mezzo que me enamoró desde que la vi en Parsifal y después en este papel y en el de Isolda.



Lo que menos me gusta de la versión que tengo (Elsa: Solveig Kringehborn, Lohengrin: Klaus Florian Vogt, Ortrud: Waktraud Meier con la Orquesta Sinfónica de Berlín dirigida por Kent Nagano y puesta en escena de Nikolaus Lehnhoff) es la interpretación de Klaus Florian Voigt, no es que sea mal cantante, pero tiene una voz que me desagrada y que creo que no concuerda con el personaje de Lohengrin. Podemos comparalo con otros intérpretes como Jonas Kaufmann, Jess Thomas o Wolfgang Windgassen. Antes, el texto correspondiente a In fernem land, al final del acto tercero, cuando Lohengrin desvela ante todos su origen y su nombre.

En tierras lejanas,
inaccesibles para vosotros,
se encuentra una fortaleza
llamada Montsalvat.
En su centro se yergue
un majestuoso templo,
tan espléndido
que en la tierra nada hay
tan precioso como él.
En su interior
se guarda un cáliz
bendito y milagroso,
como bien más preciado.
Una corte de ángeles celestiales
lo trajo a la tierra
para que fuese custodiado
por los hombres más virtuosos.
Cada año una paloma
desciende del cielo
para infundir nueva fuerza
a su poder milagroso.
Es conocido como el Grial,
y de él reciben los caballeros
la fe más pura y gloriosa.
Quien es escogido
para servir al Grial
recibe de éste un poder sobrenatural.
Contra él nada puede
la mentira del hombre malvado
y en su presencia
la noche de la muerte se desvanece.
Quien por él es enviado
a lejanas tierras
para defender la virtud,
no queda privado
de su sagrada fortaleza,
siempre que se ignore
que es un caballero del Grial.
Tan sublime es la gracia del Grial
que quien la descubra...
deberá huir de las miradas profanas.
Por ese motivo no ha de existir
duda ninguna sobre sus caballeros,
puesto que si los reconocéis
deberán abandonaros.
¡Escuchad ahora
cómo premio la pregunta prohibida!
Fui enviado a vosotros por el Grial.
Mi padre, Parsifal,
ciñe la corona.
Soy su caballero...
y mi nombre es Lohengrin











14 de febrero de 2014

¡Feliz cumpleaños!


¡Felicidades, señor de los vasares!

No me ha costado nada decidir mi regalo de este año. Tu cumple me pilla escribiendo mi próximo post sobre las mujeres wagnerianas, y estoy con Isolda, así que aquí tienes el duo de amor de Tristán (en este caso Siegfried Jerusalem) e Isolda (mi admirada Waltraud Meier).

Disfrútalo.
Espero respuesta el 11 de julio ;)

Un beso muy fuerte del pequeño saltamontes.



30 de enero de 2014

La mujer en las óperas de Wagner (I) Senta (El holandés errante) y Elisabeth (Tanhäuser)


Éste es el primer post que publico sobre los personajes wagnerianos, lo hago desde mi percepción personal a partir de la visión completa y de varias revisiones fragmentadas de las óperas de Wagner

Hace ya unos cuantos meses que Wagner me acogió cada sábado por la noche (los domingos no madrugo) y me hizo disfrutar como pocas veces con sus óperas. Para completar el goce, y más el conocimiento, de su obra di con un programa de Radio Clásica: Viaje a Ítaca que estaba dedicando una serie a la obra operística de Wagner y que me ayudó a fijar más la atención en los personajes wagnerianos. El programa ya no se emite pero se pueden encontrar los podcast en la página de Radio Clásica, lo recomiendo.

He escuchado, y visto, cronológicamente todas sus óperas excepto las tres primeras: Las hadas, La prohibición de amar y Rienzi, obras que parece que no tienen mucho que ver, al menos las dos primeras, con el estilo propio del Wagner maduro.

Su siguiente obra es El holandés errante; 
como en todas, Wagner es el autor de la música y del libreto. Este personaje, empeñado él en doblar un cabo costara lo que costara, aunque fuese invocando a Satanás, es condenado a navegar sin fin y sólo podrá redimirse de su pecado de reto a la divinidad gracias al amor y la fidelidad de una mujer. Y aquí viene al caso hablar de un tema, el de la redención, presente en casi todas las óperas de Wagner, siendo generalmente la mujer la redentora y en ocasiones, la mártir.

Parece que la opinión de Wagner acerca de la mujer no era muy acertada, resaltando un poco lo de siempre: la dulzura, la honestidad, la sumisión, su papel tradicional: "La naturaleza de la mujer es el amor, pero este amor es receptivo y se entrega incondicionalmente". Sin embargo, dentro de ese papel de redentora, hay en los personajes femeninos de la obra de Wagner una rica diversidad. Los máximos exponentes de esta cualidad a veces liberadora, a veces salvadora son los roles de Senta en El holandés errante y Elisabeth en Tannhäuser, 

Senta comparte con Elisabeth el amor llevado hasta la muerte y la capacidad de decidir por encima de presiones y del ambiente que las rodea (característica común a casi todos los personajes femeninos de la obra de Wagner y a las mujeres reales que compartieron parte de sus vidas con el compositor), pero su relación con el amor es un tanto diferente. Senta siente un amor patológico cargado de lástima y conmiseración hacia el holandés al que en realidad no conoce, mientras el amor de Elisabeth se consideraría más convencional, más dentro de los cánones sociales, causantes estos precisamente del drama que vive Tannhauser que ha intentado abandonar la sensualidad y la pasión que vive con Venus y participar de un amor respetable integrándose en una sociedad puritana, cosa que, a pesar de sus esfuerzos, no podrá conseguir ni siquiera con la ayuda de Elisabeth a la que parece preocuparle más la salvación del alma de su amado, lo que logra con su sacrificio.

A El holandés errante, Tannhäuser y Lohengrin se las ha calificado como una trilogía romántica, pero en Tannhäuser el rechazo y las acusaciones que recibe el protagonista por parte de una sociedad pacata, la respuesta del Papa negándole el perdón porque su estancia en la llamada Montaña de Venus es el pecado mayor que puede cometer el hombre, sus propias dudas ante los dos modelos de vida que se le ofrecen posibilitan un lectura más compleja y más crítica de la parte literaria de la obra.

Pena que Tannhäuser muera redimido por Elisabeth en lugar de disfrutar su vida en la montaña de Venus y pena que Elisabeth no pueda unir en sí misma la pasión y la entereza que le permitan disfrutar a su vez de su relación con Tannhäuser.

La versión que yo tengo de El holandés errante es la de Woldemar Nelsson en el festival de Bayreuth de 1985 con la puesta en escena, lo que menos me gustó, de Harry Kupfer.

En esta balada, uno de los momentos más bellos de la obra, Senta (Lisbeth Balslev) sabe de la llegada del barco, se lamenta por la suerte del holandés y decide que ella será su salvación ante la sorpresa y el temor de las muchachas que esperan la llegada de los marineros.

Me gusta la voz de soprano dramática cercana a la de mezzo de Lisbeth Balslev, porque me aproxima a una mujer que tiene fuerza y lucha por un amor fuera de la realidad e incomprensible para todos los que la rodean.

Lisbeth Balslev como Senta y el Coro del Festival de Bayreuth

¡Yohohohe! ¡Yohohohe! 
¡Yohohohe! ¡Yohohe!
¿Encontrasteis el barco en el mar,
rojas las velas, 
el mástil negro?
A bordo, el hombre pálido,
el señor del barco, vela sin paz.
¡Huy! ¡Como brama el viento! 
¡Yohohe!
¡Huy! 
¡Cómo silba entre las jarcias!
¡Yohohe! ¡Huy!
¡Como una flecha vuela sin destino,
sin descanso, sin paz!
¡Pero el hombre pálido
puede alcanzar aún la salvación,
si halla una mujer
que le sea fiel en la Tierra...
¡Ay! ¿Cuándo la hallarás,
pálido navegante?
¡Rogad al cielo para que pronto
le sea fiel una mujer!

(Senta se vuelve hacia el cuadro)

Contra vientos adversos
y la furia de la tempestad
quiso él un día un cabo doblar;
juró y maldijo con necia arrogancia:
"No cederé ante ti
por toda la eternidad."
¡Huy! ¡Y Satanás le oyó! ¡Yohohe!
¡Huy! ¡Y le tomó la palabra! ¡Yohohe!
¡Huy! ¡Y desde entonces vaga maldito
por el mar, sin descanso, sin paz!
¡Pero el desdichado
puede encontrar aún
la redención en la Tierra,
si un ángel de Dios le muestra
cómo puede hallar clemencia!

SENTA, MUCHACHAS
¡Ay! ¡Ojalá la encontraras,
pálido navegante!
¡Rogad al cielo para que pronto
le sea fiel una mujer!

SENTA
Cada siete años echa el ancla
y baja a tierra
para desposar a una mujer:
cada siete años lo intenta,
pero nunca ha dado
con una mujer fiel.
¡Huy! "¡Izad las velas!" ¡Yohohe!
¡Huy! "¡Levad el ancla!" ¡Yohohe!
¡Huy! "¡Falso amor, falsa fidelidad!
¡A la mar, sin reposo ni paz!"

MUCHACHAS
¡Ay! ¿Dónde está aquella
capaz de mostrarte 
el ángel de Dios?
¿Dónde hallarás a aquella
que te sea fiel 
hasta la muerte?

SENTA
¡Sea yo la que por mi fidelidad
te redima!
¡Quisiera mostrarte a ti
el ángel de Dios!
¡Por mí obtendrás la salvación!

MARY, MUCHACHAS
¡Que el cielo nos asista!
¡Senta, Senta!


En cuanto a Tannhäuser, la versión que tengo es la del festival de Bayreuth de 1978 dirigida por Colin Davis y con la magnífica soprano Gwyneth Jones en el papel tanto de Venus como de Elisabeth (por ahí he escuchado que pocas cantantes se atreven con los dos papeles a la vez).
La escenografía de Gotz Friedrich es una maravilla, sobre todo la primera parte llena de sensualidad, erotismo y además original, impactante y bella igual que la coreografía. No encuentro vídeos que tengan buena imagen, es una pena.

En esta escena del Acto I Tannhäuser quiere marcharse de la Montaña de Venus, Venus intenta convencerle para que se quede, cuando ve que no hay manera se enfada muchísimo y maldice al mundo. "El mundo será un desierto" sin pasión ni erotismo, un mundo bastante más aburrido aunque haya concursos de canto. 


¡Una hermosura! A una se le ponen los pelos de punta escuchándoles.

VENUS
¿Qué estoy oyendo? ¡Lamentos!
¿Qué funestos acentos 
enturbian tu canto?
¿Dónde han quedado los gozosos delirios que
suscitaban en ti un sobrecogedor entusiasmo?
Pero, ¿qué está ocurriendo? 
¿Dónde se ha equivocado mi amor?
¿Qué es lo que me reprochas?

TANNHÄUSER
¡Agradezco tu favor! ¡Alabo tu amor!
¡Bendito sea por siempre, 
el que ha morado junto a ti!
¡Eternamente sea envidiado aquél que 
ha compartido el amor en tus brazos!
Las maravillas de tu reino 
me han hipnotizado.
Aquí he respirado la magia 
de una felicidad incomparable;
ningún país puede equiparase al tuyo:
lo demás parece carecer de valor.
Pero desde la dulzura de esta siempre
perfumada brisa me llega la añoranza 
de la brisa de los bosques,
la pureza de nuestro cielo azul,
el frescor de nuestros verdes campos,
la ternura del trinar de los pájaros,
la alegría del tañido de las campanas.
¡Debo escapar de tu reino!
¡Oh, reina, diosa! ¡Déjame marchar!

VENUS
(Súbitamente, en pie) 
¡Traidor! ¡Ah! 
¿Que te deje marchar? 
¿Es eso lo que acabo de oír? 
¡Para mi amor tu canto es un ultraje!
Tu voz lo alaba y...
¿huyes, sin embargo?
¿De mi ternura estás cansado?

TANNHÄUSER
¡Bella diosa!
¡Calma tu cólera!

VENUS
¿De mi ternura 
estás cansado?

TANNHÄUSER
¡De tus innumerables atractivos 
es necesario que huya!

VENUS
¡Ay de ti!...
¡...Traidor, infiel...!

TANNHÄUSER
Más que nunca.... ¡yo te amo!

VENUS
¡Pero huyes de mí!

TANNHÄUSER
¡Ah! Yo te amo,...

VENUS
¡No, tu no puedes abandonarme!

TANNHÄUSER
¡... pero debo irme!

VENUS
No, jamás...
....no, no, ¡Ah!

TANNHÄUSER
Yo te amo, pero ¡debo dejarte!

(Venus vuelve la cara cubriéndose 
el rostro con las manos; tras una
pausa, se dirige de nuevo hacia 
él, sonriente y con expresión
seductora)

VENUS 
¡Ven, amor mío! 
¡Mira esta gruta, disfruta en ella
del suave aroma de las rosas! 
¡Incluso un dios envidiaría 
el dulce gozar de esta morada! 
Todo dolor abandonará tus miembros 
la brisa relajará tu frente; 
el fuego recorrerá tus venas. 
Suaves murmullos me incitan 
a arrullarte entre mis brazos... 
en mis labios 
beberás el néctar divino,
en mis ojos brillará otra vez 
la gratitud del amor... 
¡Celebremos, pues, gozosos, 
los ritos del amor! 
¡Nuestra unión será 
una explosión de felicidad! 
La timidez no puede retraer tus pasos: 
¡abandónate a la Diosa del Amor!

SIRENAS
(Desde lejos, sin ser vistas) 
¡Venid a esta playa!

VENUS 
¡Mi caballero! ¡Mi amado!

SIRENAS 
¡Acercaos a esta tierra!

VENUS
¿Huirás de mi?

TANNHÄUSER
(comienza a tañer el arpa,
completamente extasiado)
¡Sólo a ti dedicaré mi canción! 
¡Sólo entonaré alabanzas a ti! 
Tu encanto es fuente de toda belleza, 
de ti emana toda maravilla... 
¡El fuego que encendiste
en mi corazón 
arderá eternamente! 
¡Sí! ¡Contra todos, yo seré siempre 
tu valiente y constante defensor! 
Pero, debo irme; volver al mundo. 
Junto a ti simplemente, soy un esclavo. 
Mi corazón anhela ser libre; 
¡Libertad! 
¡Quiero ser libre! 
¡Estaré dispuesto a luchar 
aunque ello suponga la muerte! 
Debo escapar de tu reino, 
¡Oh, reina, diosa! 
¡Déjame marchar!

VENUS
(Sumamente enojada)
¡Vete, pues, loco! ¡Márchate!
¡No voy a impedírtelo, traidor!
¡Estás libre! ¡Vete!
¡Lo que añoras será tu perdición!
¡Vuela hacia el mundo frío 
de los hombres, 
de cuyas tristes y pobres fantasías
nosotros, los dioses alegres, hemos escapado
para refugiarnos en las profundidades
del corazón de la Tierra!
¡Ve pues, pobre idiota!
¡Busca allí la felicidad 
que jamás encontrarás!
¡muy pronto se agotará 
la arrogancia de tu corazón,
y te veré regresar humillado,
desamparado y contrito, 
implorando la magia de mi poder.

Gwyneth Jones como Venus con Spas Wenkoff como Tannhauser


Gwyneth Jones como Elisabeth