23 de junio de 2010

Evocación. Anoche, leyendo...



... pensé en ti.


………………………………
Pero para querer
hay que embarcarse en todos
los proyectos que pasan,
sin preguntarles nada,
llenos, llenos de fe
en la equivocación
de ayer, de hoy, de mañana,
que no puede faltar.
……………………………..

Ya no puedo encontrarte
allí en esa distancia, precisa con su nombre,
donde estabas ausente.
Por venir a buscarme
la abandonaste ya. Saliste de tu ausencia,
y aún no te veo y no sé dónde estás.
En vano iría en busca tuya allí
adonde tanto fue mi pensamiento
a sorprender tu sueño, o tu risa, o tu juego.
No están ya allí, que tú te los llevaste;
te los llevaste, sí, para traérmelos,
pero andas todavía
entre el aquí, el allí. Tienes mi alma
suspensa toda sobre el gran vacío,
sin poderte besar el cuerpo cierto
que va a llegar,
escapada también tu forma ausente
que aún no llegó de la sabida ausencia
donde nos reuníamos, soñando.
Tu sola vida es un querer llegar.
En tu tránsito vives, en venir hacia mí,
no en el mar, ni en la tierra, ni en el aire,
que atraviesas ansioso con tu cuerpo
como si viajaras.
Y yo, perdida, ciega,
no sé con qué alcanzarte, en donde estés,
si con abrir la puerta nada más,
o si con gritos; o si sólo
me sentirás, te llegará mi ansia,
en la absoluta espera inmóvil
del amor, inminencia, gozo, pánico,
sin otras alas que silencios, alas.


Pedro Salinas: La voz a ti debida

29 de mayo de 2010

Noche y niebla y Alemania, año cero




Las películas que más llegan a lo profundo de la persona del espectador no son aquellas con imágenes trágicas, desgarradoras, dramáticas hasta el extremo. Éstas golpean fuertemente pero dejan menos poso que aquellas que por su sencillez, su sinceridad exenta de cualquier atisbo de manipulación (manipulación, no visión personal inevitable al elegir unas imágenes o una forma de rodar) se mantienen en un rincón de la mente durante días, apareciendo de vez en cuando no como recuerdo fílmico sino como punzadas sobrecogedoras en nuestra mente y en nuestra sensibilidad. Así me sucede con dos películas que podrían servir de ejemplo para lo que quiero decir: Noche y niebla, de Resnais y Alemania, año cero de Rossellini.   

A Resnais le basta con media hora de imágenes actuales, en color, de los campos de concentración nazis totalmente solitarios acompañadas de un música sencilla, alejada de las orquestaciones explosivas o los solos de cuerdas dramáticos que suelen ilustrar las tragedias colectivas, sabiamente alternadas con imágenes o fotografías de la época para encogernos asombrados, aunque ya lo supiéramos, aterrados, aunque conociéramos su horror y mantenernos así, a ratos, cuando menos lo esperamos durante días o semanas. Nada que ver con buenas películas de ficción (tal vez sería más exacto decir películas con argumento), como El pianista, en cuanto a esa capacidad de impresión duradera, ni siquiera con documentales escalofriantes y de visión necesaria, como Shoa, ni tampoco con películas que mezclan de alguna forma documental y ficción como Alemania, año cero.

La visión de Noche y niebla hace innecesario ningún juicio de lo que va pasando ante tu mirada porque eso, lo que ves, es lo que hay, sin más aditivos, llega a tu yo más profundo, no a tu intelecto. En Alemania, año cero se puede, por ejemplo, dudar de la verosimilitud del final de la película, sentirnos molestos por la caricaturización de algún personaje (el maestro, por ejemplo, como también podría suceder con los alemanes representados en Roma, ciudad abierta), u opinar acerca de si la familia del protagonista es demasiado tópica o el film ha envejecido, lo que distrae al fin y al cabo de la dureza del tema tratado, algo imposible en la película de Resnais. 



De las películas relacionadas directamente con la segunda guerra mundial y sus consecuencias (dejando aparte las de la época de Mussolini): Roma,ciudad abierta, Paisá, Alemania, año cero y Europa 51, Paisá es la que me parece más perfecta, entre otras cosas, y ciñéndome al tema de la influencia en el espectador, es la que más perdura por más real y menos tópica en sus personajes y es que lo que más me molesta en Roma, Alemania, incluso en Desiderio, es esa caracterización de los personajes “malos” con rasgos un tanto caricaturescos que rondan siempre supuestas desviaciones sexuales o “malas costumbres”.




No he podido, de momento incluir vídeos de ambas películas, pero aquí están los enlaces.

Noche y niebla


Alemania, año cero

6 de mayo de 2010

Rossellini: Un pilota ritorna







Hoy, en mi pantalla del cuarto de estar, he comenzado un ciclo sobre Rossellini. Hace ya un tiempo que, de vez en cuando me regalo uno: Ford, Cassavetes, Hitchcock, Wilder…

Un pilota ritorna es el segundo ¿o tercer? largometraje de Rossellini. Se desarrolla durante la batalla de Grecia en la 2ª guerra mundial. Es una película de 1942, con un guión de, entre otros, Antonioni y el propio Rossellini, basado en una idea de Mussolini y con la música, ya, de Renzo Rossellini. Teniendo en cuenta el momento de su rodaje y de quién provenía la base del guión sorprenden algunos elementos de la película, por ejemplo y, sobre todo, la imagen que da de los soldados ingleses que vigilan el campo de concentración donde el protagonista está prisionero, una imagen de humanidad que choca con el maniqueísmo que aparece no sólo en la mayoría de las películas realizadas sobre la 2ª guerra mundial (o sobre otros conflictos) sino, incluso con los estereotipos alemanes de Roma, ciudad abierta. 

La primera parte de la película es la más floja, tiene unas buenas escenas aéreas pero es lo más previsible que se pueda encontrar en un cine de este tipo: sabes antes de que suceda que el personaje que habla de un futuro hogareño y sencillo va a morir minutos después, las bromas entre los aviadores, la imagen de seguridad, “virilidad”, valentía que dan los soldados es la típica de un cine hecho para gloria de un ejército y de una ideología (sea cual fuere). 


Pero hay un cambio, casi diría radical, en la segunda parte: humanidad en el ejército inglés y en los civiles del campo de prisioneros (fuera de la realidad en muchos momentos, casi la contrapartida a la primera parte), algunas escenas hermosas no sólo fotográficamente: la imagen de una madre preparando un emplaste para su hijo enfermo y un trabajo cinematográfico que parece hecho más a conciencia y de manera más personal en las tomas, por ejemplo, de los prisioneros caminando bajo el ataque de las fuerzas del Eje y en los interiores de los refugios. 


La historia sentimental que se muestra en la película no parece estar tomada con demasiada importancia; los personajes, aquí también, son la típica pareja que se enamora en circunstancias trágicas y que no tiene futuro; en realidad el final deja totalmente a un lado esa historia como si fuera una anécdota más dentro del episodio bélico.

El tema de la cercanía o no de Rossellini al régimen fascista no me interesa demasiado. A veces, cuando juzgamos a los creadores por motivos políticos o de connivencia o adaptación a regímenes dictatoriales se nos olvidan las dificultades de la vida diaria, de la necesidad de  hacer cine (fácil ejemplo el de buenos actores españoles que participaron en un cine sin ninguna calidad durante la dictadura de Franco), o incluso la propia ideología ¿quién sería el insensato que dejaría de disfrutar de la prosa de Celine, por ejemplo, por sus ideas políticas, o de disfrutar, por poner un caso español, de alguna de las obras de Jardiel Poncela (y aquí rindo un pequeño homenaje a mi amigo Francisco, tantas veces sólo en su reivindicación de éste escritor), relacionado tantas veces con el franquismo, simplemente porque publicaba y en sus obras no se enfrentaba a la dictadura, o porque cuando regresó a España aceptó, equivocadamente o no, la dictadura del gobierno de Franco a causa de su decepción por el Frente Popular.

2 de abril de 2010

Mis botas




Después de leer tu poema, Rubén.





Voy a calzarme. Abro la puerta del armario del porche. Poco que ver. Siempre me pareció… bueno, siempre… aquella niña, aquella adolescente está tan lejana que dudo de que fuera yo, y además, ¿qué yo? ¿el yo jubilado de hoy jueves, el de mi vida en Gedrez, el reivindicativo del barrio Lucero en los 70, el yo profe de secundaria…?, vale, no divaguemos; decía que siempre me pareció absurdo tener más de un par y decía también que aquí, en el armario del porche poco hay que ver: unos deportivos, unas sandalias, unos zapatos que me compré para una boda (sin tacón, normalitos y que a pesar de eso no me he vuelto a poner), otro par con cordones que uso en Madrid desde hace tres años… poco que calzar.


Pero… ahí, abajo, están mis botas, las que utilizo a diario para pasear por los campos de El Chorrillo, las botas con las que caminé por Lavaredo y por los Cárpatos el verano último, las de los paseos por la Pedriza o Guadarrama, tan viejitas ya que casi no recuerdan los senderos de Real de Catorce, o las gargantas del Dades, o las dunas de Namibia. Hundo mis pies en ellas, me ato los cordones a duras penas porque es el momento en que mis perros me dan los buenos días, y nos vamos, ellas y yo a pasear tan a gustito por el olivar, por este olivar que me trae tan bellos recuerdos.



Como dice Rubén: Se ajaron antes que yo. Abrimos veredas juntas.

16 de marzo de 2010

Espejos




Hace unos días estuve viendo las fotografías de Ricky Dávila en el Círculo de Bellas Artes y de Dayanita Singh en la Fundación Mapfre. Sola, o muy bien acompañada, que es como se puede disfrutar de una exposición, sentía ante ellas una tierna conmiseración por el ser humano.

En el caso de Ricky Dávila, una hilera de retratos, que no dejaba escape alguno ni descanso entre cada imagen, de rostros duros, en cuyos ojos se reflejaba tristeza, resignación, desconcierto, ignorancia, perplejidad, incluso en los retratos, fuertemente contrastados, de niños, que no retratos infantiles, entre los que una única y tímida sonrisa de una niña no evitaba un punto de melancolía en su mirada.







En los retratos de familias de Dayanita Singh en los que éstas posaban en el ambiente y la actitud que preferían para pasar a la posteridad, para ser recordados, esta sensación se acrecentaba, en unos casos porque aparecían satisfechos de si mismos a pesar de sus miradas vacías subrayadas por el ambiente superficial en el que posaban, en otros porque la cercanía entre ellos no eliminaba la soledad de cada uno.




Era una impresión parecida a la que he sentido en ocasiones cuando voy en el metro o en el tren y observo las caras, las expresiones, los gestos del resto de los pasajeros. En esos momentos me siento inmersa en el género humano, poquita cosa entre muchas otras poquitas cosas, me alejo de las teorías políticas, sociales que en otros momentos me pueden hacer pensar que el mundo tiene o tendrá que cambiar, todas ellas desaparecen frente a la vida personal, cotidiana, íntima de cada uno de nosotros y me siento cerca de todos esos rostros tristes o vacíos o ignorantes o hundidos en la soledad.

Y me reconcilio con el ser humano porque cualquiera de nosotros, incluso los de ahí arriba, los que aparecen en otras actitudes, a diario, en los periódicos, estamos, en el fondo, en el yo verdadero, representados por estos rostros, espejos nuestros.


13 de enero de 2010

Un paseo por Europa



Regresé a casa después de zascandilear por Europa durante cuatro meses en nuestro 4x4 convertido en un pequeño y acogedor hogar. Paisajes, ciudades, gente, amigos reencontrados y un poco más de aprendizaje para vivir al día, para que el tiempo adquiera el valor del momento, del instante que estoy viviendo.




Ver Europa2009 en un mapa más grande



Los Monegros, Santes Creus, Barcelona




Barcelona, 27 de julio
He paseado sola por el barrio de Gracia en busca de un portal, una esquina, una calle que me trasladaran a mis años de adolescencia, cuando pasé algunos veranos en casa de mis tíos. Los recuerdos son siempre borrosos, así que no estoy segura de si encontré los lugares buscados, o ese chaflán, ese portal eran sencillamente lo que yo quería rememorar. Da lo mismo, cuando los vi sentí un hormigueo agradable y volví a esos recuerdos confusos y posiblemente manejados inconscientemente por el paso de los años. Yo era entonces una niña tímida, insegura, pequeña y admirada ante el desparpajo que percibía en mi prima y sus amigas y el descubrimiento de un mundo más abierto, menos de cascarón del que yo procedía. Lo pasé mal… y lo pasé bien como ocurre en el paso de la niñez a la adolescencia y como sucede siempre que en cualquier etapa de la vida descubres que existe algo que no has experimentado, que es nuevo, que es más deseable, que lo ves como esperándote para que tú lo des forma, lo incorpores a tu vida, lo conviertas en un nuevo camino por el que transitar.