14 de abril de 2013

Dolor. Grodek, de Georg Trakl




Georg Trakl escribió este poema poco antes de suicidarse en el hospital psiquiátrico en el que fue internado  debido a las consecuencias de su participación como médico en la batalla de Grodek, en Ucrania, durante la primera guerra mundial.

Un poema profundamente triste, desgarrador, lleno de oscuridad en su significado y en el sonido de sus palabras que lleva, con inmensa fuerza, hasta lo más hondo del lector la tragedia y el tremendo dolor de una guerra.

Por las tardes resuenan en los bosques de otoño
las mortíferas armas y en las llanuras áureas
y los lagos azules; sobre ellos rueda el sol
más oscuro; la noche
abraza a los guerreros moribundos, el lamento feroz
de sus bocas quebradas. Mas silenciosamente en las praderas
nubes rojas que un Dios airado habita,
se reúne la sangre derramada, la frialdad lunar;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo el áureo ramaje de la noche y los astros
vaga por el callado bosque la sombra de la hermana
que saluda las almas de los héroes, sus cabezas sangrantes.
Y en el juncal resuenan quedamente las oscuras flautas del otoño.
Oh, qué soberbio duelo, altares de metal,
un tremendo dolor alimenta hoy la ardiente llama del espíritu,
los nietos que no han nacido aún. 

Georg Trakl 1914

14 de febrero de 2013

Feliz cumpleaños


Cuando escucho este tema recuerdo...





Un beso del pequeño saltamontes.

El 11 de julio... ;)


12 de febrero de 2013

El jardinero fiel. Un tema desaprovechado




He vuelto a ver El jardinero fiel para poder escuchar in situ la partitura de Alberto Iglesias. La película me ha decepcionado más que en la primera ocasión. Meirelles parece que intenta llevar a cabo una denuncia del mal hacer de las farmacéuticas y lo que debería haber sido el tema principal se convierte en una excusa para contar una historia de amor y fotografiar de manera preciosista los paisajes de Kenia -yo al menos estoy cansada de ese colorido brillante- y a la población plena de color en una historia que no admite tanta luminosidad.

La estructura de la película falla, los flashback son repetitivos buscando la lágrima fácil y produciendo la sensación de quien salta de un lado a otro de la historia de manera desorganizada. La cámara en mano y sus movimientos rápidos como de quien ha perdido su control marean y despistan, no ha sabido utilizarla.

El color, la luz, los paisajes habrían sido aceptables en otro tipo de historia, tipo Hatari o Memorias de África.

En cuanto al supuesto mensaje de la película, a los que conocemos el problema de las malas prácticas de algunas corporaciones nos decepciona porque, además de no aportar nada nuevo, no da al tema la suficiente importancia y al resto le pasará desapercibido al estar tapado por la historia de amor, las sospechas de infidelidad y la poco creíble protagonista que se pasa de humanitaria en un papel precisamente poco humano, sin dudas, sin equivocaciones, sin cansancio... vamos, un personaje totalmente plano. La pareja perfecta que, sin embargo no habla, no comparte. El resto de los personajes son más de lo mismo, típicos y tópicos a más no poder.

Sospecho mucho de las películas de lágrima fácil porque no dejan lugar a la reflexión ni a una empatía real con la historia y los personajes.

Un tema desaprovechado en una situación, también en el año en que se rodó, que merecería la pena haberlo convertido en lo principal de la película. Si no se podría haber dedicado sólo a la relación de los protagonistas y buscarse otro tipo de estratagema para sostener una cierta intriga.

Esta crítica está publicada en filmaffinity.com

El vídeo está en inglés, he preferido una imagen buena. el trailer español no tenía resolución suficiente.


Fragmento de la banda sonora de El jardinero fiel:


9 de noviembre de 2012

Sally Mann y la adolescencia




Ayer me crucé con un antiguo alumno. Se sentó dos o tres asientos detrás del que ocupaba yo en el autobús. Guapo, con un toque chulesco, aparentemente seguro de sí mismo, le oía perfectamente desde mi asiento hablar con un amigo dándole lecciones, consejos y tomando el papel de entendido sobre lo que tenía que hacer para sacarse el carné de conducir. Recordaba perfectamente su voz. No fui capaz de recordar quién era, ni siquiera, en un principio, qué tipo de alumno fue, pero después de escucharle, recordaba perfectamente su voz y sus ademanes, llegué a la conclusión de que fácilmente había pertenecido al grupo de los macarrillas rebeldes.

Entonces,cuando aún trabajaba, no me llevaba mal con muchos de ellos, incluso bien dentro de una relación con mucho de mano izquierda. También hubo otros con los que no conseguí cruzar la línea que impide vivir con ellos o desde ellos situaciones lamentables, amargas o incluso de puro enfrentamiento.

Ya en Madrid fui a ver la exposición que hay en La Fábrica sobre uno de los trabajos de la fotógrafa Sally Mann. At Twelve agrupa treinta y cinco retratos de niñas en torno a los doce años en la década de los 80, los mimos años en los que fotografiamos a ese chaval argelino de expresión dura y amarga. Aparentemente sencillas no son retratos al uso. Lo que transmiten sus miradas sobre todo y sus gestos y posturas no es la candidez de la infancia sino el acercamiento al ser adulto. Según dice el artículo sobre la exposición hay casos en los que las fotografías están preparadas, no son espontáneas, pero es lo mismo, Sally Mann transmite emociones de diverso cariz en todas ellas. Algunas están cargadas de sexualidad al estilo de Lolita pero lo que todas reflejan es la inconsciente incertidumbre, a veces el temor o la aparente y casi excesiva pero todavía no resuelta seguridad en sí mismas, ante su creciente transformación en adultas.

(Mis fotos desparecieron del blog y éstas de Sally Mann no tienen la resolución adecuada para disfrutarlas, lo lamento)












Y al salir recordé mi encuentro con ese alumno que ya abandonaba la adolescencia pero que aún conservaba rasgos similares a los que Sally Mann muestra en su trabajo. Un momento en la vida más difícil de lo que a veces creemos, duro e incomprendido, sobre todo porque así lo sienten ellos y eso es lo que importa, su realidad, no lo que proviene de la objetividad en la que nos basamos los adultos para juzgarles. O para ayudarles, y es que si no existe una mínima empatía hacia su verdad poco bien podemos hacer.


30 de septiembre de 2012

Democracia ¿dónde estás?



Este blog continúa aparcado mientras sus autora dedica parte de su tiempo a participar en la búsqueda de una democracia de la que duda si alguna vez existió.

Dice Mika Waltari en Sinuhe, el egipcio:

"Yo, Sinuhe, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos....

... y cuanto se ha escrito lo ha sido por orden de los reyes, para halagar a los dioses o para introducir fraudulentamente a los hombres a creer en lo que no ha ocurrido. O bien para pensar que todo ha ocurrido de una manera diferente a la verdad."

No hay más que añadir, es un texto de completa actualidad.


Las fotos son de Alberto de la Madrid https://www.facebook.com/albertodelamadrid











3 de julio de 2012

Vacío. Georg Heym




Última vigilia

Qué oscuras son tus sienes,
tus manos, qué pesadas.
¿Tan lejos ya de mí
que no me escuchas?

Bajo las llamaradas de la luz
estás tan triste y tan envejecida.
Tus labios cruelmente
crispados en eterna rigidez.

Mañana será ya todo silencio,
y quizá esté en el aire
todavía el crujir de las coronas,
y su olor a podrido.

Pero las noches cada año
se vacían aún más.
Aquí, donde yacía tu cabeza
y ligera fue siempre tu respiración.


Georg Heym

28 de junio de 2012

Bernard Herrmann (6) Final: El cabo del terror, Fahrenheit 451 y Taxi Driver




El cabo del terror (Lee Thompson, 1962) nos introduce en la pesadilla de un abogado cuya vida tranquila se ve alterada por la persecución a la que se ve sometido, junto a su familia, por parte de un delincuente al que hace años llevó a la cárcel. La película tiene un buen guión que falla sólo al final cuando la acción sustituye a los diálogos y a un ambiente en el que predominaba el terror psicológico, una actuación sobresaliente de Robert Mitchum (cómo cambia la expresión de psicópata por la de infeliz al verse acorralado en la última secuencia) y una estupenda fotografía con un buen uso de luces y sombras.

La partitura está dentro del estilo clásico de Herrmann, el que se ha escuchado principalmente en las películas de Hitchcock. Una música acorde a su género por una parte, pero también dedicada a la enfermiza mente del personaje interpretado por Mitchum, y desde luego perturbadora.

Cuatro notas descendentes componen el tema central que se escucha en la obertura, primero por los metales y después por las cuerdas. Va evolucionando a lo largo de la película en unas variaciones que apoyan instantes de terror o de intriga o de acción .


En el minuto 1,26, en la secuencia primera en Cape Fear convierte el tema en un motivo lírico para pasar poco a poco, y de nuevo, al ambiente de angustia y miedo. En este regreso al terror, en el minuto 4,45, las cuerdas, durante unos instantes, nos hacen escuchar el chapoteo del agua producido por la barca que se acerca al refugio de las protagonistas, un uso de sonidos onomatopéyicos como ya hizo en otras de sus partituras, lo primero que viene a la memoria son los violines de Psicosis en la escena de la ducha y la percusión que daba vida a los movimientos de los esqueletos en Simbad y la princesa.


El tema principal se desarrolla durante más de diez minutos en la secuencia final, aumentando tanto el ritmo como el tono en el momento culminante de la pelea entre los personajes de Mitchum y Gregory Peck.





Coincidiendo con la muerte de Ray Bradbury, veo Fahrenheit 451, la siguiente partitura de Herrmann que quiero comentar. Una sencilla casualidad..

Fahrenheit 451 (Truffaut, 1966) ha perdido parte de su valor cinematográfico en lo que se refiere a la puesta en escena, no así en el mensaje-denuncia de un mundo dominado por el igualitarismo trivial e inculto al que lleva la ignorancia, la falta de capacidad crítica y la incultura fomentadas por el Estado mediante el aislamiento, el miedo o la violencia.

Durante los años sesenta y setenta se produce un cambio importante en la música de cine, el clasicismo va siendo sustituido en gran parte por la utilización de melodías sencillas, aportaciones de otras músicas como el jazz o el pop.... La música de Herrmann también evoluciona hacia unas características más cercanas al impresionismo, como sucede en Fahrenheit 451 o al jazz, caso de la partitura de Taxi Driver.

El ambiente futurista de la película precisaba, según el director, de una partitura de igual signo. Por otra parte consideraron que la banda sonora apoyaría más la historia si ofrecía un contraste entre la gravedad de la situación narrada (el totalitarismo reflejado en la quema de libros por un ejército de bomberos y la caza de los lectores y poseedores de libros) y una música suave en consonancia con el personaje femenino, una mujer militante pero pacífica, tranquila e idealista al igual que el mundo en el que viven las personas que han escapado a la persecución estatal y que defienden la perdurabilidad de los libros aprendiéndolos de memoria.

En los títulos de crédito está el Herrmann de siempre con su halo de misterio y su atracción hipnótica en un estilo similar al de Vértigo.


Un Herrmann algo más diferente es el que acompaña el trayecto del coche de bomberos y la quema de los libros requisados, apoyando la acción con contundencia. 

 



Emotividad, paz, reposo en la parte más hermosa de la partitura, la secuencia final, cuando vemos a los hombres-libro paseando, sentados o en su intimidad. La fuerza que va adquiriendo al final refleja el triunfo o, al menos, la fuerza de la libertad sobre el totalitarismo.







Taxi Driver fue la última película para la que Herrmann compuso, murió poco después de grabar su partitura.

Se trata de la historia de un veterano de Vietnam que no soporta el ambiente sórdido de las calles que transita de noche con su taxi, de sus traumas, de sus intentos fallidos para integrarse en la sociedad y de su camino inevitable hacia la violencia final. Es para mí la mejor película de Scorsese cuya obra, en mi opinión y exceptuando los documentales musicales, que no he visto, ha perdido calidad a partir de la realización de Uno de los nuestros dejando dos películas que, en contra de una buena parte de la crítica, me parecen sólo pasables: Casino y Gangs of New York.

El argumento de la película y el papel que juega en ella la ciudad precisaba de una partitura cercana al jazz. Herrmann no había compuesto anteriormente nada en este estilo y pidió ayuda a un músico amigo: Christofer Palmer que arregló una melodía antigua de Herrmann y que fue utilizada como tema principal. Es una melodía maravillosa en la que el saxo, acompañando la soledad del protagonista, hace que sintamos una cierta simpatía y comprensión hacia éste.


En contraste con la calidez de este tema está el que subraya las dificultades psicológicas del personaje protagonista con un importante uso del arpa y que también se utiliza, con una estructura diferente, al final de la película.


Un elaboradísimo fragmento es el que apoya la secuencia de los asesinatos. Las sonoridades que varían desde lo sombrío de las cuerdas, a la dureza de la percusión y al dramatismo de los vientos, que utilizan en parte el tema principal de la película en un tono más sórdido y desesperanzador, se alternan y se fusionan introduciéndonos en el horror, la tensión y la angustia conseguidas tanto por Scorrsese como por Herrmann.