16 de febrero de 2014

La mujer en las óperas de Wagner (II) Elsa y Ortrud (Lohengrin)






La tercera ópera de la llamada trilogía romántica de Wagner es Lohengrin.

En Lohengrin, el personaje masculino principal, hijo de Parsifal, y que da nombre al título de la obra, es un caballero del Santo Grial; este tema, basado en lo que cuenta la tradición sobre el Santo Grial y los escritos a partir de dicha leyenda, aparece también en la última ópera de Wagner: Parsifal.



Claudio Abbado dirige a la Orquesta del Festival de Lucerne

Los personajes femeninos de Lohengrin son Elsa y Ortrud. Elsa, creada para una voz de soprano, es princesa de Bravante y se convertirá a lo largo de la obra en la esposa de Lohengrin. Su hermano, el niño duque de Bravante ha desaparecido. Telramund, un conde que se ha ocupado de tutelar a ambos acusa a Elsa de haber asesinado a su hermano. Ella pide ayuda al caballero del Grial al que ha visto en sueños y el conflicto se resuelve con un juicio de Dios en el que sale victorioso el caballero. Lohengrin y Elsa se casan. Lohengrin advierte a Elsa que nunca deberá preguntarle por su nombre ni por su origen, y aquí comienza el conflicto en el que, en el caso de Elsa, están involucrados el amor, el miedo de Elsa a perder a Lohengrin y la desconfianza alimentada por Ortrud.

Ortrud es la esposa de Telramund, se la califica normalmente como hechicera, pero, lo único que hace pensar en ello es que, al igual que Elsa según sus creencias o Lohengrin de acuerdo con su estirpe, menciona o pide ayuda a sus dioses, Ortrud es también descendiente de los antiguos gobernantes del país, y quiere conseguir el poder y el gobierno del ducado de Bravante para ella y Telramund.

Elsa es quizá el personaje femenino wagneriano que puede dar pie más fácilmente a la discrepancia en cuanto a su forma de ser; esto, incluso aunque conozcamos lo que dice Wagner sobre él o lo que cuenta la leyenda.

Wagner escribe acerca del personaje de Elsa: “Desde el principio vi en Elsa lo que siempre había soñado. Ella es la antítesis de Lohengrin -naturalmente no la antítesis total de este ser tan lejano, sino mas bien la otra faz de su misma naturaleza- es el necesario y deseado complemento de su parte masculina. Elsa es lo inconsciente, lo espontáneo, en lo cual, el consciente e inflexible Lohengrin, desea fundirse y este deseo hace que la parte espontánea e instintiva de Lohengrin se sienta unida al ser de Elsa. Esta capacidad de poseer una “conciencia inconsciente” ha hecho que yo, igual que Lohengrin, haya captado la naturaleza femenina -dándome el impulso necesario para plasmarla lo más auténticamente posible- con una comprensión cada vez más profunda.”

Cierto que Elsa es lo inconsciente y lo espontáneo frente a la racionalidad de Lohengrin pero la visión que de Elsa existe en las palabras de Wagner parece exclusivamente halagadora. Veo esa espontaneidad de Elsa más como una reacción elemental a la relación que Lohengrin impone, una reacción explícita en los celos (“¡Ahora veo claramente mi desgracia! El destino que abandonaste era, en verdad, tu suprema felicidad. Viniste a mí desde los gozos y... ¡aspiras volver a ellos!. ¿Cómo puedo creer, mísera de mí, que mi fidelidad es bastante para ti? “), la inseguridad, la posesión (“Ah, ¿cómo podría yo conseguir atarte realmente a mí?“), la sumisión a Lohengrin (“Como ahora estoy postrada a tus pies, así me entrego a ti por entero”) y a las normas establecidas, algo que, en parte, también le sucedía a la Elisabeth de Tannhaüser, y la falta de fuerza ante las maniobras de Ortrud para hacer crecer en ella la desconfianza hacia Lohengrin que, por otra parte, también hay que decirlo, sanciona unilateralmente lo que debe ser su matrimonio con Elsa; es un personaje impasible, orgulloso y egoísta.

Wagner da también otra interpretación, ésta más curiosa, pero a la vez muy interesante, sobre los personajes principales de la ópera. (Elsa) “el espíritu del pueblo que aspira profundamente a elevarse”, (Lohengrin) “que representa la élite de la inteligencia y del poder, y que, cualquiera que sea su generosidad, por su propia naturaleza, ofrece siempre al pueblo un cierto sentimiento de duda del que se aprovechan las fuerzas reaccionarias”. Algo de esa necesidad de encumbrarse hay en la naturaleza de las personas y, por supuesto, la duda es más que lógica, pero no sé cuáles son las fuerzas reaccionarias en el argumento de la obra, quizá Wagner no se refería a su ópera porque yo, al menos, no veo claramente que Ortrud y Telramund sean fuerzas reaccionarias, Ortrud quiere recuperar lo suyo, al igual que Elsa; quizá sí si se considera la participación de Lohengrin en la disputa por el ducado como algo revolucionario pero no en cuanto a la trama amorosa, lo que pretende Lohengrin con Elsa es más bien reaccionario.

ELSA
Nada podría devolverme el sosiego,
ni liberarme de mi locura..., nada sino
aunque me cueste la vida...
¡saber quién eres!

LOHENGRIN
Elsa, ¿qué pretendes?

ELSA
Desventurado y noble hombre,
escucha la pregunta que te hago:
¡Dime tu nombre!

LOHENGRIN
¡Detente!

ELSA
¿De dónde has venido?

LOHENGRIN
¡Desdichada de ti!

ELSA
¿Cuál es tu linaje?

LOHENGRIN
¡Ay de nosotros!. ¿Qué has hecho?




Ortrud también provoca opiniones contrarias. Al fin y al cabo es lo opuesto a Elsa, por tanto según la visión que tengamos de ella, así veremos a Ortrud.

Y de Ortrud, dice Wagner: “Ortrud es una mujer que no conoce el amor. Con esto está dicho todo, ésto basta para demostramos que se trata de un personaje terrible. Sólo vive para la politica. Un hombre politíco es desagradable, pero una mujer política es odiosa, y es a este odio al que debo dar vida. El único amor que existe en esta mujer es el que siente por el pasado, por las generaciones ya desaparecidas, un amor repulsivo, insensato, basado en un orgullo ancestral que se manifiesta a través del odio hacia todo lo que la rodea, hacia todo lo que existe. En un hombre este tipo de amor es grotesco, pero en una mujer es temible ya que -por su poderosa e instintiva necesidad de amar- el orgullo de raza, la pasión por el pasado se convierte en un fanatismo maligno. La historia nos muestra que las acciones más crueles son las de las mujeres politicas. No son pues los celos hacia Elsa -quizás provocados por Telramund- lo que Ortrud descubre al estallar su furia contenida en la escena del segundo acto, cuando sentada en los escalones de la catedral -tras desaparecer Elsa de la terraza- invoca los antiguos dioses ya olvidados. Es una reaccionaria que sueña sólo con el pasado, enemiga de todo lo nuevo desea exterminar el mundo que la rodea para devolver la vida a los dioses corrompidos, y en Ortrud ésto no es una fantasía enfermiza, posee toda la violencia -primitiva, inhumana, irracional- de la pasión que provoca esta necesidad de amar tan femenina que puede convertirse el algo espantoso.
Por esto el más pequeño detalle en su interpretación es importante; nunca debe parecer mezquina, maliciosa o herida en su amor propio. Todas las manifestaciones de su desdén y de su maldad deben traslucir la violencia de su delirio que sólo puede quedar satisfecho aniquilando a los otros... y al final a si misma.”
Cierto que Ortrud es ambiciosa, que no repara en nada con tal de conseguir su propósito pero tiene una fuerza totalmente opuesta a la debilidad de Elsa y no necesita que nadie la salve, es incluso más fuerte que Telramund.

ELSA
¡Oh, aires que con tanta frecuencia
os confié mis lamentos! 
¡A vosotros os debo gratitud
por cómo se ha cumplido mi dicha!

ORTRUD
¡Es ella!

TELRAMUND
¡Elsa!

ELSA
Vosotros le trajisteis.
Vosotros le allanasteis el camino.
Vosotros, que le protegisteis
de las salvajes tempestades del mar.

ORTRUD
¡Maldecirá cada uno de los instantes
en que mis ojos la han mirado!

ELSA
¡Con frecuencia acudí a vosotros
para secar mis lágrimas!.
¡Refrescad ahora mis mejillas
abrasadas por el amor!

ORTRUD
(a Telramund)
¡Fuera!
¡Márchate, vete un momento de aquí!

TELRAMUND
¿Por qué?

ORTRUD
Ella es mía...
¡A ti te pertenece el héroe!

ELSA
¡Refrescad ahora mis mejillas
abrasadas por el amor!,
¡por el amor!

ORTRUD
¡Elsa!

ELSA
¿Quién me llama?.
¿Quién pronuncia mi nombre
en la noche tan siniestro y suplicante?

ORTRUD
¡Elsa!.
¿Tan extraña te resulta ya mi voz?.
¿Acaso rechazas a la pobre mujer
que a tan lejano destierro envías?

ELSA
¡Ortrud!, ¿eres tú?.
¿Qué haces aquí,
mujer desdichada?

ORTRUD
¡"Mujer desdichada"!
¡No te falta razón para llamarme así!.
En la distante soledad del bosque,
donde vivía en paz y tranquilidad,
¿qué te hice yo?, ¿qué te hice yo?.
Desdichada, tan sólo estaba llorando
la desgracia que desde hace tiempo
persigue a mi estirpe.
¿Qué te hice yo?,
¿qué te hice yo?

ELSA
Por Dios, ¿de qué me acusas?.
¿Soy yo quien te trajo la desgracia?

ORTRUD
¿Cómo pudiste envidiar
la dicha que me supuso
el que me tomase por esposa
aquél hombre
a quien despreciaste?

ELSA
¡Dios misericordioso!
¿qué estás diciendo?

ORTRUD
Si un error le llevó a él a acusarte
de un crimen, mujer inocente...
su corazón se desgarra por la aflicción
y está pagando una terrible penitencia.

ELSA
¡Dios de justicia!

ORTRUD
¡Oh, tú eres dichosa!
Después de un breve sufrimiento,
ahora te sonríe la vida.
Dichosa puedes separarte de mí,
enviándome tras la estela de la muerte,
¡para que mi lúgubre desgracia
no venga a perturbar tu felicidad!

ELSA
¡Qué mal recompensaría tu bondad,
Todopoderoso, que me haces tan feliz,
si yo apartase a la desgraciada
que ante mí se postra en el polvo!
¡Oh, nunca, Ortrud!. ¡Espérame!
¡Yo misma te abriré paso!

ORTRUD
¡Dioses ultrajados!
¡Socorredme en mi venganza!.
¡Castigad la afrenta que os han hecho!
¡Dadme fuerzas
para servir a vuestra sagrada causa!
¡Aniquilad la vil locura
de los apóstatas!.
¡Wotan!,
¡a ti, suprema fuerza, te invoco!
¡Excelsa Freia, escúchame!
¡Bendecid mis ardides y mentiras,
para que mi venganza tenga éxito!

Aquí canta Waltraud Meier, mezzo que me enamoró desde que la vi en Parsifal y después en este papel y en el de Isolda.



Lo que menos me gusta de la versión que tengo (Elsa: Solveig Kringehborn, Lohengrin: Klaus Florian Vogt, Ortrud: Waktraud Meier con la Orquesta Sinfónica de Berlín dirigida por Kent Nagano y puesta en escena de Nikolaus Lehnhoff) es la interpretación de Klaus Florian Voigt, no es que sea mal cantante, pero tiene una voz que me desagrada y que creo que no concuerda con el personaje de Lohengrin. Podemos comparalo con otros intérpretes como Jonas Kaufmann, Jess Thomas o Wolfgang Windgassen. Antes, el texto correspondiente a In fernem land, al final del acto tercero, cuando Lohengrin desvela ante todos su origen y su nombre.

En tierras lejanas,
inaccesibles para vosotros,
se encuentra una fortaleza
llamada Montsalvat.
En su centro se yergue
un majestuoso templo,
tan espléndido
que en la tierra nada hay
tan precioso como él.
En su interior
se guarda un cáliz
bendito y milagroso,
como bien más preciado.
Una corte de ángeles celestiales
lo trajo a la tierra
para que fuese custodiado
por los hombres más virtuosos.
Cada año una paloma
desciende del cielo
para infundir nueva fuerza
a su poder milagroso.
Es conocido como el Grial,
y de él reciben los caballeros
la fe más pura y gloriosa.
Quien es escogido
para servir al Grial
recibe de éste un poder sobrenatural.
Contra él nada puede
la mentira del hombre malvado
y en su presencia
la noche de la muerte se desvanece.
Quien por él es enviado
a lejanas tierras
para defender la virtud,
no queda privado
de su sagrada fortaleza,
siempre que se ignore
que es un caballero del Grial.
Tan sublime es la gracia del Grial
que quien la descubra...
deberá huir de las miradas profanas.
Por ese motivo no ha de existir
duda ninguna sobre sus caballeros,
puesto que si los reconocéis
deberán abandonaros.
¡Escuchad ahora
cómo premio la pregunta prohibida!
Fui enviado a vosotros por el Grial.
Mi padre, Parsifal,
ciñe la corona.
Soy su caballero...
y mi nombre es Lohengrin











14 de febrero de 2014

¡Feliz cumpleaños!


¡Felicidades, señor de los vasares!

No me ha costado nada decidir mi regalo de este año. Tu cumple me pilla escribiendo mi próximo post sobre las mujeres wagnerianas, y estoy con Isolda, así que aquí tienes el duo de amor de Tristán (en este caso Siegfried Jerusalem) e Isolda (mi admirada Waltraud Meier).

Disfrútalo.
Espero respuesta el 11 de julio ;)

Un beso muy fuerte del pequeño saltamontes.



30 de enero de 2014

La mujer en las óperas de Wagner (I) Senta (El holandés errante) y Elisabeth (Tanhäuser)


Éste es el primer post que publico sobre los personajes wagnerianos, lo hago desde mi percepción personal a partir de la visión completa y de varias revisiones fragmentadas de las óperas de Wagner

Hace ya unos cuantos meses que Wagner me acogió cada sábado por la noche (los domingos no madrugo) y me hizo disfrutar como pocas veces con sus óperas. Para completar el goce, y más el conocimiento, de su obra di con un programa de Radio Clásica: Viaje a Ítaca que estaba dedicando una serie a la obra operística de Wagner y que me ayudó a fijar más la atención en los personajes wagnerianos. El programa ya no se emite pero se pueden encontrar los podcast en la página de Radio Clásica, lo recomiendo.

He escuchado, y visto, cronológicamente todas sus óperas excepto las tres primeras: Las hadas, La prohibición de amar y Rienzi, obras que parece que no tienen mucho que ver, al menos las dos primeras, con el estilo propio del Wagner maduro.

Su siguiente obra es El holandés errante; 
como en todas, Wagner es el autor de la música y del libreto. Este personaje, empeñado él en doblar un cabo costara lo que costara, aunque fuese invocando a Satanás, es condenado a navegar sin fin y sólo podrá redimirse de su pecado de reto a la divinidad gracias al amor y la fidelidad de una mujer. Y aquí viene al caso hablar de un tema, el de la redención, presente en casi todas las óperas de Wagner, siendo generalmente la mujer la redentora y en ocasiones, la mártir.

Parece que la opinión de Wagner acerca de la mujer no era muy acertada, resaltando un poco lo de siempre: la dulzura, la honestidad, la sumisión, su papel tradicional: "La naturaleza de la mujer es el amor, pero este amor es receptivo y se entrega incondicionalmente". Sin embargo, dentro de ese papel de redentora, hay en los personajes femeninos de la obra de Wagner una rica diversidad. Los máximos exponentes de esta cualidad a veces liberadora, a veces salvadora son los roles de Senta en El holandés errante y Elisabeth en Tannhäuser, 

Senta comparte con Elisabeth el amor llevado hasta la muerte y la capacidad de decidir por encima de presiones y del ambiente que las rodea (característica común a casi todos los personajes femeninos de la obra de Wagner y a las mujeres reales que compartieron parte de sus vidas con el compositor), pero su relación con el amor es un tanto diferente. Senta siente un amor patológico cargado de lástima y conmiseración hacia el holandés al que en realidad no conoce, mientras el amor de Elisabeth se consideraría más convencional, más dentro de los cánones sociales, causantes estos precisamente del drama que vive Tannhauser que ha intentado abandonar la sensualidad y la pasión que vive con Venus y participar de un amor respetable integrándose en una sociedad puritana, cosa que, a pesar de sus esfuerzos, no podrá conseguir ni siquiera con la ayuda de Elisabeth a la que parece preocuparle más la salvación del alma de su amado, lo que logra con su sacrificio.

A El holandés errante, Tannhäuser y Lohengrin se las ha calificado como una trilogía romántica, pero en Tannhäuser el rechazo y las acusaciones que recibe el protagonista por parte de una sociedad pacata, la respuesta del Papa negándole el perdón porque su estancia en la llamada Montaña de Venus es el pecado mayor que puede cometer el hombre, sus propias dudas ante los dos modelos de vida que se le ofrecen posibilitan un lectura más compleja y más crítica de la parte literaria de la obra.

Pena que Tannhäuser muera redimido por Elisabeth en lugar de disfrutar su vida en la montaña de Venus y pena que Elisabeth no pueda unir en sí misma la pasión y la entereza que le permitan disfrutar a su vez de su relación con Tannhäuser.

La versión que yo tengo de El holandés errante es la de Woldemar Nelsson en el festival de Bayreuth de 1985 con la puesta en escena, lo que menos me gustó, de Harry Kupfer.

En esta balada, uno de los momentos más bellos de la obra, Senta (Lisbeth Balslev) sabe de la llegada del barco, se lamenta por la suerte del holandés y decide que ella será su salvación ante la sorpresa y el temor de las muchachas que esperan la llegada de los marineros.

Me gusta la voz de soprano dramática cercana a la de mezzo de Lisbeth Balslev, porque me aproxima a una mujer que tiene fuerza y lucha por un amor fuera de la realidad e incomprensible para todos los que la rodean.

Lisbeth Balslev como Senta y el Coro del Festival de Bayreuth

¡Yohohohe! ¡Yohohohe! 
¡Yohohohe! ¡Yohohe!
¿Encontrasteis el barco en el mar,
rojas las velas, 
el mástil negro?
A bordo, el hombre pálido,
el señor del barco, vela sin paz.
¡Huy! ¡Como brama el viento! 
¡Yohohe!
¡Huy! 
¡Cómo silba entre las jarcias!
¡Yohohe! ¡Huy!
¡Como una flecha vuela sin destino,
sin descanso, sin paz!
¡Pero el hombre pálido
puede alcanzar aún la salvación,
si halla una mujer
que le sea fiel en la Tierra...
¡Ay! ¿Cuándo la hallarás,
pálido navegante?
¡Rogad al cielo para que pronto
le sea fiel una mujer!

(Senta se vuelve hacia el cuadro)

Contra vientos adversos
y la furia de la tempestad
quiso él un día un cabo doblar;
juró y maldijo con necia arrogancia:
"No cederé ante ti
por toda la eternidad."
¡Huy! ¡Y Satanás le oyó! ¡Yohohe!
¡Huy! ¡Y le tomó la palabra! ¡Yohohe!
¡Huy! ¡Y desde entonces vaga maldito
por el mar, sin descanso, sin paz!
¡Pero el desdichado
puede encontrar aún
la redención en la Tierra,
si un ángel de Dios le muestra
cómo puede hallar clemencia!

SENTA, MUCHACHAS
¡Ay! ¡Ojalá la encontraras,
pálido navegante!
¡Rogad al cielo para que pronto
le sea fiel una mujer!

SENTA
Cada siete años echa el ancla
y baja a tierra
para desposar a una mujer:
cada siete años lo intenta,
pero nunca ha dado
con una mujer fiel.
¡Huy! "¡Izad las velas!" ¡Yohohe!
¡Huy! "¡Levad el ancla!" ¡Yohohe!
¡Huy! "¡Falso amor, falsa fidelidad!
¡A la mar, sin reposo ni paz!"

MUCHACHAS
¡Ay! ¿Dónde está aquella
capaz de mostrarte 
el ángel de Dios?
¿Dónde hallarás a aquella
que te sea fiel 
hasta la muerte?

SENTA
¡Sea yo la que por mi fidelidad
te redima!
¡Quisiera mostrarte a ti
el ángel de Dios!
¡Por mí obtendrás la salvación!

MARY, MUCHACHAS
¡Que el cielo nos asista!
¡Senta, Senta!


En cuanto a Tannhäuser, la versión que tengo es la del festival de Bayreuth de 1978 dirigida por Colin Davis y con la magnífica soprano Gwyneth Jones en el papel tanto de Venus como de Elisabeth (por ahí he escuchado que pocas cantantes se atreven con los dos papeles a la vez).
La escenografía de Gotz Friedrich es una maravilla, sobre todo la primera parte llena de sensualidad, erotismo y además original, impactante y bella igual que la coreografía. No encuentro vídeos que tengan buena imagen, es una pena.

En esta escena del Acto I Tannhäuser quiere marcharse de la Montaña de Venus, Venus intenta convencerle para que se quede, cuando ve que no hay manera se enfada muchísimo y maldice al mundo. "El mundo será un desierto" sin pasión ni erotismo, un mundo bastante más aburrido aunque haya concursos de canto. 


¡Una hermosura! A una se le ponen los pelos de punta escuchándoles.

VENUS
¿Qué estoy oyendo? ¡Lamentos!
¿Qué funestos acentos 
enturbian tu canto?
¿Dónde han quedado los gozosos delirios que
suscitaban en ti un sobrecogedor entusiasmo?
Pero, ¿qué está ocurriendo? 
¿Dónde se ha equivocado mi amor?
¿Qué es lo que me reprochas?

TANNHÄUSER
¡Agradezco tu favor! ¡Alabo tu amor!
¡Bendito sea por siempre, 
el que ha morado junto a ti!
¡Eternamente sea envidiado aquél que 
ha compartido el amor en tus brazos!
Las maravillas de tu reino 
me han hipnotizado.
Aquí he respirado la magia 
de una felicidad incomparable;
ningún país puede equiparase al tuyo:
lo demás parece carecer de valor.
Pero desde la dulzura de esta siempre
perfumada brisa me llega la añoranza 
de la brisa de los bosques,
la pureza de nuestro cielo azul,
el frescor de nuestros verdes campos,
la ternura del trinar de los pájaros,
la alegría del tañido de las campanas.
¡Debo escapar de tu reino!
¡Oh, reina, diosa! ¡Déjame marchar!

VENUS
(Súbitamente, en pie) 
¡Traidor! ¡Ah! 
¿Que te deje marchar? 
¿Es eso lo que acabo de oír? 
¡Para mi amor tu canto es un ultraje!
Tu voz lo alaba y...
¿huyes, sin embargo?
¿De mi ternura estás cansado?

TANNHÄUSER
¡Bella diosa!
¡Calma tu cólera!

VENUS
¿De mi ternura 
estás cansado?

TANNHÄUSER
¡De tus innumerables atractivos 
es necesario que huya!

VENUS
¡Ay de ti!...
¡...Traidor, infiel...!

TANNHÄUSER
Más que nunca.... ¡yo te amo!

VENUS
¡Pero huyes de mí!

TANNHÄUSER
¡Ah! Yo te amo,...

VENUS
¡No, tu no puedes abandonarme!

TANNHÄUSER
¡... pero debo irme!

VENUS
No, jamás...
....no, no, ¡Ah!

TANNHÄUSER
Yo te amo, pero ¡debo dejarte!

(Venus vuelve la cara cubriéndose 
el rostro con las manos; tras una
pausa, se dirige de nuevo hacia 
él, sonriente y con expresión
seductora)

VENUS 
¡Ven, amor mío! 
¡Mira esta gruta, disfruta en ella
del suave aroma de las rosas! 
¡Incluso un dios envidiaría 
el dulce gozar de esta morada! 
Todo dolor abandonará tus miembros 
la brisa relajará tu frente; 
el fuego recorrerá tus venas. 
Suaves murmullos me incitan 
a arrullarte entre mis brazos... 
en mis labios 
beberás el néctar divino,
en mis ojos brillará otra vez 
la gratitud del amor... 
¡Celebremos, pues, gozosos, 
los ritos del amor! 
¡Nuestra unión será 
una explosión de felicidad! 
La timidez no puede retraer tus pasos: 
¡abandónate a la Diosa del Amor!

SIRENAS
(Desde lejos, sin ser vistas) 
¡Venid a esta playa!

VENUS 
¡Mi caballero! ¡Mi amado!

SIRENAS 
¡Acercaos a esta tierra!

VENUS
¿Huirás de mi?

TANNHÄUSER
(comienza a tañer el arpa,
completamente extasiado)
¡Sólo a ti dedicaré mi canción! 
¡Sólo entonaré alabanzas a ti! 
Tu encanto es fuente de toda belleza, 
de ti emana toda maravilla... 
¡El fuego que encendiste
en mi corazón 
arderá eternamente! 
¡Sí! ¡Contra todos, yo seré siempre 
tu valiente y constante defensor! 
Pero, debo irme; volver al mundo. 
Junto a ti simplemente, soy un esclavo. 
Mi corazón anhela ser libre; 
¡Libertad! 
¡Quiero ser libre! 
¡Estaré dispuesto a luchar 
aunque ello suponga la muerte! 
Debo escapar de tu reino, 
¡Oh, reina, diosa! 
¡Déjame marchar!

VENUS
(Sumamente enojada)
¡Vete, pues, loco! ¡Márchate!
¡No voy a impedírtelo, traidor!
¡Estás libre! ¡Vete!
¡Lo que añoras será tu perdición!
¡Vuela hacia el mundo frío 
de los hombres, 
de cuyas tristes y pobres fantasías
nosotros, los dioses alegres, hemos escapado
para refugiarnos en las profundidades
del corazón de la Tierra!
¡Ve pues, pobre idiota!
¡Busca allí la felicidad 
que jamás encontrarás!
¡muy pronto se agotará 
la arrogancia de tu corazón,
y te veré regresar humillado,
desamparado y contrito, 
implorando la magia de mi poder.

Gwyneth Jones como Venus con Spas Wenkoff como Tannhauser


Gwyneth Jones como Elisabeth





24 de noviembre de 2013

Libros y gusanillos



Ayer estaba ordenando el pequeño caos que se había formado en las estanterías de los libros de viajes, algo revueltos por las veces que las someras, todo hay que decirlo, limpiezas a lo largo de años habían formado cuando un gusanillo se despertó dentro de mí. La guía de Australia, regalo de nuestros hijos en el último intento, fallido, que hicimos por volver a viajar, algún libro de Kaplan, las hojas sueltas que arrancábamos a las guías de Lonely Planet para no cargar con el libro entero, recorridos de montaña de diferentes partes del mundo, unos usados y otros sin llegar a estrenar, un tocho sobre la flora y la fauna de Pirineos... ¡Cuántas vivencias o deseos se han acumulado en estos vasares (vasares: homenaje a mi amigo del alma al que le gustaba especialmente esta palabra casi perdida en el tiempo)!




De repente me vi volviendo a hacer el macuto, cogiendo un avión y plantándome en un lugar indefinido, caminando entre gente de otras latitudes, esperando pacientemente autobuses, pasando fronteras, escribiendo de nuevo casi compulsivamente como lo hacía durante nuestros viajes. Me vi caminando por montañas, sintiendo mis piernas y sintiendo el chorreo de sudor que me empapaba el rostro y se me metía en los ojos cuando aún llevaba lentillas y me incordiaba un montón. Me vi intentando identificar un pájaro, una planta.

Alpes

Mauritania

Sentada en el suelo, ante los libros recién ordenados, orden que les había devuelto a la probabilidad del olvido, a la quietud y al futuro polvo de lo que ya no se usa, de lo que ya no sirve, me detuve un momento, miré hacia la ventana y volví a la realidad. Una supuesta realidad, claro, como suele ser cuando está imbuida de nostalgia, dudas sobre lo que hacemos, experiencias, sentimiento de la cortedad de la vida. Recordé la última imagen de la película Rey de corazones, de Philippe de Broca, un film de calidad olvidado y poco conocido, en la que Jean Claude Brialy (cómo me gustan esos ojos pícaros de Brialy) encuadrado por el marco de la ventana del manicomio en el que está recluido dice “Los viajes más hermosos son a través de la ventana”. Y volví a preguntarme si lo que sentía era nostalgia o deseo de salir de mi calentito y placentero rincón chorrillense en el que vivo como viven los locos de la película de Broca. Dejé los vasares, sí, los vasares, ordenados, me levanté y puse los pies en la tierra, vamos sobre la alfombra y me acordé de mis gatas, ¿me esperarían si las abandonaba durante tiempo?

Bartola


Los gusanillos hacen cosquillas pero no hablan, así que les dejaré tranquilos, no les molestaré para que no se vayan y quizá algún día les llegue el don de la palabra y me digan adiós o por el contrario se muestren revoltosos y me hagan abrir el armario donde guardo el macuto, las botas o los prismáticos.


14 de octubre de 2013

Animales en El Chorrrillo

´
Este vídeo tiene ya un año. En él aparece Negrito, uno de los cuatro gatos que nacieron en nuestra parcela y a los que adoptamos. Negrito ya no está con nosotros. Nada más esterilizar a Bartola y Peluca tanto él como Canela pensaron que se les había acabado la fiesta y se largaron. No les hemos vuelto a ver. Bartola y Peluca siguen en casa. Tampoco están ya Curri y Andy que murieron de viejitos. Ahora Gaza y Thalos juegan, se pelean y corren por donde no deben cuando creen que no les vemos.

Hace años no quería ni perros ni gatos pero ahora no sabría estar sin ellos.

Música: George Brassens: Brave Margot

15 de septiembre de 2013

Subida al Mondalindo




Cuatro años hacía que no pisaba un monte. El fin de semana pasado subí con Alberto al Mondalindo, un pico de 1800 metros cercano a la sierra de La Cabrera. Sencillo, unas dos horas de subida, el recorrido completo unas cinco horas; aún así la noche anterior estaba nerviosa casi como cuando hace años me esperaba un recorrido de muchas horas o la subida a un pico más difícil. Absurdo, ya lo sé, está claro que no era para tanto, pero la causa de los nervios era el daño a mi amor propio si no caminaba mínimamente bien y sin cansarme. Vamos, la honrilla.





El Mondalindo no es un pico especialmente bonito pero desde él hay unas estupendas vistas de La Cabrera y del Valle de Lozoya, De hecho la cima de Peña Negra o Regajo tiene mucho más encanto a pesar de las antenas instaladas en ella y las vistas son igualmente disfrutables.




Volví contenta y con la intención de repetir, veremos si cumplo.



Aquí mi hombre y...

...aquí yo

30 de agosto de 2013

La fotografía de Rafael Sanz Lobato


Valverde de la Vera, Cáceres. 1969

El martes estuve viendo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando la exposición de fotografía de Rafael Sanz Lobato, un fotógrafo no tan conocido como debiera ser, como tantos otros fotógrafos españoles que trabajaron durante el franquismo, época en la que a la fotografía no se le daba la categoría artística que, ¡menos mal!, adquirió a partir de los últimos años setenta. Cosas de la España de aquella época, cuando en la mayoría de los países llamados occidentales llevaba décadas no sólo reconocida sino expuesta en museos.

Yo no conocía la obra de Sanz Lobato y nada más entrar, ante la primera fotografía que vi quedé impresionada. Es, además, junto con los retratos, el tipo de obra que más me gusta, la fotografía documental. La exposición está dividida en tres apartados: documental, retratos y bodegones.

Al igual que Cristina García Rodero, alumna de Sanz Lobato, éste dedicó años a viajar por España recogiendo escenas, rostros, actitudes en las celebraciones de los pueblos. Los encuadres ya influyen para que el espectador entre de lleno en lo que está aconteciendo pero ¡atención a los rostros! No tienen desperdicio. Tratados con respeto y realismo transmiten la situación del mundo rural en aquellos años, ¡y son los años setenta!

Bercianos de Aliste, 1971

Bercianos de Aliste, 1971

Bercianos de Aliste, 1971

Bercianos de Aliste, 1971

La fotografía del niño con el tambor tomada en Las Hurdes me recordó el viaje que hice en las navidades de 1975 con el que es mi chico (ya no tan chico) desde entonces. Salimos de Plasencia y recorrimos caminando la mayor parte de la comarca de Las Hurdes. Lo que vimos y vivimos y guardamos en las fotografías que tomamos es lo que veo en el fondo de muchas de las fotos de Sanz Lobato: pobreza, atraso, enfermedad, soledad... creo que en un próximo post rememoraré este viaje a Las Hurdes de hace casi cuarenta años.

Ladrillar, Las Hurdes. 1980

En la exposición figuran las procesiones de Semana Santa en Bercianos de Aliste, provincia de Zamora, A rapa das bestas, en Sabucedo, en la que recogen los caballos del monte para marcarlos sujetándolos sólo con las manos y el cuerpo sin utilizar ningún otro medio, el Auto Sacramental de Camuñas, en Toledo, una representación sobre la lucha entre el bien y el mal, y la Caballada de Atienza, tradición desde el siglo XIII y que conmemora el traslado de Alfonso VIII niño disfrazado de arriero a Ávila ante el ataque de Fernando II de León a la población de Atienza.

Bercianos de Aliste, 1971

Bercianos de Aliste, 1971
 
Bercianos de Aliste, 1971
 
A rapa das bestas, San Lorenzo de Sabucedo, La Estrada, 1970

A rapa das bestas, San Lorenzo de Sabucedo, La Estrada, 1970

Auto Sacramental. Camuñas, Toledo, 1970

La caballada,  Atienza. 1970

La caballada,  Atienza. 1970

Hay también fotografías pertenecientes a colecciones realizadas en otras zonas de España y en Génova.

Ayllón, Segovia. 1967

Pedraza, Segovia. 1969

Peropalo. Villanueva de la Vera, Cáceres. 1971

Miranda del Castañar, Salamanca. 1971

Quartiere Vecchio, Génova. 1969

La utilización del blanco y negro por Sanz Lobato es en parte de su obra, muy personal. Los paisajes por ejemplo no muestran una realidad lumínica, están destacadas las líneas de sombras y luz de manera que acentúan el relieve; el contraste y la subexposición me producen una sensación de cierta irrealidad, irrealidad que no les quita en absoluto belleza.

Cerca de Hita, Guadalajara. 1973

Las Médulas, El Bierzo. 1993

Los retratos son impresionantes. Bellos, nítidos, contrastados sobre un fondo negro en el que crea una aureola tras el personaje que le da más vida.

Julio Zackrisson. 1985

Alberto García Alix. 1994

Teo Escamilla. 1994

Los bodegones, salvo el Homenaje a Morandi que me gustó muchísimo por la textura y la tonalidad, me dejaron más bien fría.

Still Life. 1989

Homenaje a Morandi. 2007

La exposición se puede visitar hasta el día 7 de septiembre.