3 de enero de 2012

Mis fotos y yo


  Para Rubén, para que vea que todavía lato


Las fotografías en las que aparezco yo se han hecho con el paso de los años más objetivas, me hablan de lo que yo era en ese momento y de la trayectoria de mi vida.




Más aún porque en ellas salgo de mí para enfrentarme al Otro, al que está detrás de la cámara, y son diferentes según quien sea en cada momento ese Otro. Hay un cruce de dos instantes, el suyo y el mío.


Soy yo mirada por mí y observada por el Otro en el que yo indago a mi vez, incluso si estoy de espaldas y siento su presencia y la de la cámara casi físicamente. Y en ese caso me siento más libre, o más insegura, o me protejo de una inequívoca vulnerabilidad, o un poco de todo a la vez.
 


 

  Las fotografías que hago me hablan de mis vivencias, las acompaña una historia, se tiñen de sentimientos a veces contradictorios entre el momento en que fueron tomadas y el momento en que las miro, me invitan a la reflexión. Soy yo y mi relación con el exterior.

  
Unas y otras se complementan y me acercan a mis yos, diferentes también.

La amistad, el dolor y la muerte, la hipocresía, la familia, la injusticia, una sencilla foto como recuerdo de aquel para el que fui (quizá aún...) una presencia permanente, la montaña, viajar, mi huerta, mi compañero de viaje por la vida...























31 de octubre de 2011

Niebla. El grito, de Antonioni





La bellísima fotografía de Gianni di Venanzo es esencial para que la niebla comparta el protagonismo de El grito con su principal personaje, Aldo. La niebla persiste a lo largo de la película tanto en el paisaje como en la historia y en los propios personajes. Aldo, con una interpretación magnífica de Steve Cochran, la lleva dentro. La adquiere, en el momento en que lo definitivo, lo sin remedio le inunda; no le han servido sus ruegos, la presencia de los detalles cotidianos, un torpe regalo a destiempo, el intento de empezar de nuevo en la casa que con sus mínimos detalles representa los siete años que ha vivido con Irma, no le ha servido su violencia. Y hundido en esa niebla huye buscando afecto, tranquilidad, una mujer en la que refugiarse. Mujeres desdichadas que Antonioni presenta fuertes, resueltas pero a la postre resignadas ante la imposibilidad de salir de una vida gris, sin futuro. Un magnífico retrato de personajes secundarios tan neblinosos como Aldo que van dejando en el espectador un poso cada vez más explícito de lo irremediable de la soledad. Mujeres que quieren vivir una vida mejor pero no pueden dejar a un lado aquello que se lo impide, sea el pequeño orgullo frente a una situación en la que se saben sustitutas, sea la atención a un padre. Irma, salvo en la primera parte de la película en que adquiere un mayor protagonismo personal ejerce el papel imprescindible de ser el detonante de la historia, el origen de esa niebla que nos acompaña durante todo el film y elemento necesario para el final, para que su grito, como el del compañero de Aldo al principio de la historia avisándole de la presencia de Irma, como el grito callado, íntimo de él reclamando un atisbo de felicidad durante su recorrido en busca de una estabilidad afectiva, desencadene el silencio total.




 

Acompañamos a Aldo en su búsqueda que es más una huída, gracias en gran parte a la cuidadísima puesta en escena, llena de detalles que proporcionan realismo a la historia: el interior de las viviendas, sus techos desconchados, la fotografía de algún antepasado, un periódico dejado a los pies de la cama, los zapatos de Irma y del personaje de Betsy Blair (cómo me gusta  a pesar de que tantas veces parece estar haciendo un mismo papel) llenos de barro, las manchas en la ropa de Aldo y de Andreina.



 

9 de octubre de 2011

Cristina García Rodero: Transtempo


(Mis fotos desparecieron del blog y éstas no tienen la resolución adecuada para disfrutarlas, lo lamento)


 

Galicia, 1974 - 2010. Romerías, carnavales, celebraciones religiosas, el mar. Un blanco y negro cuidado, natural, pleno de matices. La instantánea de un gesto. La fotografía de una niña enmarcada como si se tratara de un fragmento, de un chispa en la escena que se nos oculta, grupos alojados entre los retazos de un rostro, de un cuerpo y, en ellos, individualidades, caras que se expresan por sí mismas, auténticos retratos. Todo en un ambiente norteño de neblina, humedad y lluvia.








Si tuviera que utilizar una sola palabra para nombrar lo que Cristina García Rodero me transmite, esta palabra sería emoción. Emoción por los sentimientos que reflejan los gestos, las miradas, los rostros: dolor, alegría, inocencia, miseria, la liberación de la fiesta, desconfianza, tristeza profunda. Y en todo ello siempre el humor y la ternura que pone de su parte. No hay ironía ni cinismo, puede haber crítica pero con una gran respeto. Une lo sublime y lo grotesco, la miseria y la belleza, lo aparentemente simple y la complejidad que hay detrás de cada vida, de cada escena. Rostros embrutecidos. Miradas que transcienden o mejor, son transcendidas por la nuestra.

 

 Así que sonrío ante la inocencia, la inseguridad de un anciano frente a una exuberante negra semidesnuda que le besa. Me emociona la belleza sencilla de una madre que retiene a su hijo junto a su cuerpo. Me hiere el dramatismo de algunas escenas, me indigno… y también juzgo. Indignación ante el poder de la iglesia sobre la gente común y sencilla, la conversión de las creencias en supersticiones, el fomento de la ignorancia;
los confesionarios, las “vueltas sagradas” de mujeres arrodilladas en soledad o acompañadas de un hijo, de unos padres, observadas con curiosidad por un hombre mientras para otros su actitud forma parte de la normalidad y cotidianidad de la fiesta religiosa. Unos rezan y otros se divierten.




Después mis propios recuerdos, la soledad de una adolescente, seria, las manos unidas, los pies cruzados tímidamente en espera de que algo suceda. Inevitablemente veo a la adolescente que fui yo y, mano a mano, a la adolescente de Munch.



La muerte presente en el cementerio, en los ataúdes ocupados por vivos que abren los ojos, que se abanican como en una burla a la muerte.





 Y más: el mar...


puro cine negro...


abuelas....


 adolescencia...


ambiente de lucha y diversión...



14 de agosto de 2011

Entreacto de René Clair. Mi crítica en Film Affinity



Surrealista, sugerente, dinámica e imprescindible.




La primera parte de Entreacto, creada para ser proyectada tras la obertura del ballet Relâche del que Francis Picabia escribió el libreto, anuncia el cautivador y perturbador despropósito de lo que va a ser el resto de la película, proyectada en su estreno durante el intermedio del ballet.

Erik Satie puso la música, una partitura que no cumple una simple función de acompañante. La música y las imágenes se integran en una sola entidad, hay una compenetración total entre el ritmo sonoro y el visual.

No hay historia pero sí un guión, escrito a partir de unas anotaciones de Picabia, que comprende sucesivos fragmentos inconexos unidos entre sí por el leitmotiv de la imagen de una bailarina. La película nos golpea desde distintos ángulos: sorprende, inquieta -por ejemplo con esas cabezasglobos que se deshinchan-, rompe con la normal percepción de lo real mediante superposiciones, fundidos, giros, cambios de perspectiva y encuadres incoherentes, divierte cuando juega, cuando hace malabarismos con las imágenes y además nos intriga y atrapa mientras narra la aventura surrealista de una carroza fúnebre, su ataúd y sus acompañantes con un ritmo musical y visual cada vez más rápido, y en la que no sucede nada, pero corremos junto a los dolientes y la carroza, cada vez más y más de prisa por caminos, carreteras, campos, parques de atracciones, cruzándonos con barcos, aviones, coches, bicicletas llegando a un final que es como la guinda de un pastel, pequeña pero imprescindible y que cierra la película con un guiño que invita a sonreír.




6 de agosto de 2011

15M Dignidad




Participo desde casa y a veces junto a ellos de sus reivindicaciones, su juventud, su fuerza, su serio optimismo. Les sigo casi de continuo, sobre todo en los momentos más decisivos. Este de  anoche, cinco de agosto, poco antes de las doce de la noche, en la Puerta del Sol es uno de los más emocionantes.

Estábamos dormidos y nos han despertado. Decepcionados, desilusionados desde hace muchos años, desde que la esperanza que pusimos en la transición se nos cayó derrotada por acuerdos, pactos que, no sé, tal vez fueron en parte necesarios. Adaptados, quizá engañados, por “lo bien que vivíamos” y por algunos avances sociales -faltaría más, han pasado muchos años- (y pienso en mejoras en temas como lo referente al matrimonio entre homosexuales, sobre la violencia de género –vaya palabreja-, algunas en relación a los inmigrantes…) que han ocupado primeras planas de la información y entusiasmados por la retirada de las tropas de Irak, nos manteníamos en una planicie algo desértica pero con nuestros pequeños oasis en los que acabamos encerrándonos, adaptados, quizá engañados, repito, escépticos y con la desilusión agazapada en un rinconcito de nuestras personas. Éramos una generación demasiado seria, decíamos, echando la culpa al pasado. Estábamos dormidos y nos despertaron el 15 de mayo, nos habíamos adaptado y volvimos a salir a la calle a gritar y dar botes, éramos serios y sonreímos y nos emocionamos como ayer noche y, sobre todo, hemos vuelto a indignarnos.




Emocionante la entrada del los manifestantes del 15M en la Puerta del Sol. Rostros de todo tipo: jóvenes, bebés, ancianos, gente de cualquier edad, rastras, calvos, tatuados, coquetones y coquetonas, barbudos. Más de mil. Abrazo colectivo, la gente ríe, muestra el símbolo de la victoria, llora… Antes, frente al Ministerio del Interior uno de los heridos por la carga policial del día anterior se dirigió a uno de los policías para hablar con él, le ofreció un clavel, “No voy a coger la flor” se le oyó responder, después aceptó estrecharle la mano. Tienen mucha fuerza, tenemos. Fiesta, alegría y, sobre todo dignidad. La dignidad de la que adolecen los periódicos de hoy.

 “Todo parece indicar que los responsables del orden público pretenden explotar durante agosto los errores cometidos por el 15-M. Su decisión de convertir las protestas en permanentes se ha saldado con una pérdida progresiva de su capacidad de movilización, muy limitada ahora frente a la que demostraron en los días de las elecciones municipales. Los indignados también se han equivocado al considerar que la no intervención policial durante la jornada de reflexión previa al 22 de mayo les había concedido el privilegio de ejercer sus derechos de reunión y manifestación al margen de las leyes, dando por descontada la condescendencia y hasta la resignación de los ciudadanos afectados.” Así, ¿disimuladamente?, El País toma posiciones muy claras. “Los responsables del orden público han contribuido a perturbar la vida ciudadana más de lo que podían haberlo hecho los indignados, al no encontrar otra manera de desalojar a tres centenares escasos de personas más que cerrando a cal y canto zonas completas de la capital, incluyendo el tráfico y el transporte suburbano.”  Vamos a hacer la pelota a los ciudadanos y de paso echamos más leña al fuego. “Lo que puede hacer que la pierdan (se refiere al apoyo de una opinión mayoritaria) es que aparezcan envueltos en un conflicto constante de orden público”. ¿Eso es lo que se busca por parte de los gobiernos centrales y de Madrid? 



“Los partidos han reaccionado con cautela.” ¿Alabanza o reconocimiento de sus intereses?

ABC. Aparte de lindezas como éstas: “Pronto y mal ha decaído el 15-M si ésos que juegan al ratón y el gato por Madrid con una Policía maniatada por sus mandos son los indignados de guardia que no se han ido de vacaciones....”
“Todos sabemos cómo acaban las democracias cuando se tiene la obsesión de adjetivarlas demasiado: democracia orgánica, democracias populares, democracia real…”,  está la guinda del pastel: http://www.abc.es/20110806/madrid/abcp-atracadores-infiltrados-20110806.html

Lo mínimo una de cal y otra de arena, Público. Podría seguir con La Razón, Telemadrid, Intereconomía pero eso sería puro masoquismo. Además es muy aburrido.

El caso es que empecé el post porque quería revivir la emoción de la noche de ayer y el pobre casi se ha convertido en un panfleto. No importa, lo dejo así, para tenerlo a mano.