27 de junio de 2009

Nostalgia


Ella recuerda las manos de él, regordetas, cautivadoramente suaves, como sus dedos, con las uñas siempre inmaculadas. Manos que le acarician levemente el rostro separándole el pelo de la cara, delicadamente. Manos que acarician las suyas, su brazo, arriba y abajo como si quisiera sacarle brillo o, quizás, llevarse en sus dedos la textura y el calor de su piel para guardarlos cuando él no sea capaz de seguir luchando.
Las manos frías de un día de invierno en el camino de los olivos.




1 comentario:

Ana Jordán Davia dijo...

¡TE ENCONTRÉ!
Espero no volver a perderte.
Un besote, Ana del badulake.