8 de octubre de 2015

La garganta de Ala-Archa en Kirguistán y mi menisco rebelde.

Bishkek, Kirguistán. 8 de octubre de 2005


Estoy en la garganta de Ala-Archa, recostada en una piedra esperando que vuelva Alberto. Mi menisco derecho, roto desde antes de salir de Madrid, ha dicho hasta aquí hemos llegado. Ahora toca hacerme a la idea de que los paseos, al menos de momento, pueden ralentizarse.

La garganta de Ala-Archa es un amplio valle surcado por ríos y flanqueado por abedules y abetos. La guía hablaba de los bosques de alerces pero éstos están a lo largo de la carretera que lleva al parque, es una bellísima estampa de otoño con las doradas hojas de estos árboles delante de un paisaje montañoso que a lo lejos muestra altas cumbres cubiertas de nieve.

Retomo la escritura del post en una amplia e iluminada habitación en Bishkek. Cuando Alberto volvió de su caminata hasta el glaciar lo hizo por la orilla opuesta. No se podía atravesar el río por aquel lugar y cada uno caminamos por nuestra cuenta hasta que el río se pudo vadear. El camino que pensábamos iba a ser más fácil se complicó con pedreras continuas y vegetación difícil de atravesar, sobre todo para mí que no podía doblar la pierna lo suficiente como para saltar de piedra en piedra. Al final no quedó más remedio que cruzar el río por tercera vez. Nos desnudamos de cintura para abajo, atamos las botas, las mías las pasé entre los tirantes del macuto y pensando en el pasaporte,el móvil y la cámara que llevaba en el bolsillo de la chaqueta del chándal asegurada con una cinta comenzamos a cruzar una vez más. Siempre he sido un poco patosa para esto de cruzar los ríos pero, curiosamente, ahora que tengo unos cuantos años, camino mejor y crucé los ríos como una campeona. Un pie, un bastón, otro pie, otro bastón, despacio, asegurándose de que las piedras resbaladizas del fondo y la corriente no jugaran una mala pasada. Así que cuando cinco horas después llegamos a la carretera que llevaba al hotel-refugio me sentía tan satisfecha a pesar de mi cojera que incluso tenía la impresión física de haber crecido algún centímetro.

Fue una buena idea el quedarnos a dormir en el parque, la encargada del hotel nos había dejado un radiador encendido y la habitación estaba calentita. Nos regalamos una cerveza en el hotel turístico junto al nuestro y, salvo algún aviso de mi rodilla, dormimos a pierna suelta hasta las diez de la mañana.

No hemos podido volver al hotel de los días pasados anteriormente en Bishkek, no había habitación. Cuando salimos hacia Ala-Archa nos despedimos de Lisa, la amable y acogedora dueña. Su hija, Katia, ha estudiado flamenco en Pekín y ha creado con otros compañeros un grupo de flamenco, el único que hay en Bishkek y posiblemente en Kirguistán. Estaba interesada en ir a España para perfeccionar su baile y la conecté con Eugenia, la mujer de Antonio Gades que lleva su fundación y está además involucrada en un proyecto para llevar el flamenco a las escuelas e institutos, algo que me parece muy interesante.

Llevo unos cuantos días despistada, me cuesta incorporarme a la vida diaria de lectura y tranquilidad. Mis posts sufren esa carencia.

Mañana nos daremos una vuelta por el museo de pintura y pondremos fin a nuestro paso por Kirguistán.

Imágenes:
Garganta de Ala-Archa
Bishkek: mercado, Museo de Historia (¿alguien por ahí ha jugado a las tabas de pequeño?)...























3 comentarios:

Cive Pérez dijo...

Me parece un territorio alucinante. Buen viaje, amigos!

Noches de luna dijo...

Sí que lo es, sobre todo ahora en otoño. Gracias, José Antonio.

Julian Castro dijo...

Siempre y todos los dia son fechas para no pasar por alto, vivamos una epoca de armonia, acompañamineto y detalles, celebra compartiendo y regalando
Noches Especiales en familia y para todos.