25 de junio de 2015

Salónica y lo pijos que somos

Salónica, Grecia, 25 de junio de 2015


La verdad es que en España nos estamos convirtiendo en unos pijos.  Cuanto más civilizados nos creemos menos naturales y más legalistas somos. En cuestiones políticas parece que vamos despertando un poco pero en los hábitos y las costumbres sociales vamos hacia atrás. Una se pasea por Salónica y disfruta con el ambiente, sobre todo a última hora de la tarde. Gente tomando café o cerveza en las terrazas y gente tomando lo mismo sentada en el césped o en el bordillo de un parque o en cualquier lugar de la calle. Ruido, conversaciones en voz alta (tono de voz mediterráneo), risas... Aquí no hay ninguna Botella que se empeñe en poner puertas al campo impidiéndote que te tumbes en un banco o que compartas una litrona con tu gente.

Nuestros dirigentes se creen pertenecientes a la élite mundial de la civilización, no lo son, pero como el perro de San Andrés (¿era San Andrés?) ni come ni deja comer. Y por debajo de ellos, una masa a la que han desposeído de criterio, muy feliz ella de que haya sido así, ya somos todos iguales, hacemos las mismas cosas y nadie llama la atención más que en aquello que se permite y acepta. Cuanto más nos organizan la vida más aburridos somos, y si no que se lo digan a los del norte, esos que saben cómo deberían vivir los del sur.
Benditos pueblos sin tanta normativa que dirija la vida cotidiana de la gente.

Los paseos a última hora de la tarde, la iglesia bizantina de Agios Dimitros, el mar visto desde la picorota de la ciudad al atardecer, la Torre Blanca, el puerto y, sobre todo la gente y su ambiente de libertad para y naturalidad.









1 comentario:

Pasquinel beltrán dijo...

PUBLICO LUEGO EXISTO (¡!¡!¡)


Aquí adentro se expone un estilo de modus vivendis al que todos aspiramos, lo neguemos o tampoco. Por eso jugamos al euromillón y similares, porque a nadie nos amarga un dulce. La envidia que FEDE debería darnos, se disuelve en el cachondo argumento que adopta el formato de un guión, lo cual agiliza la visualización del texto. Luego, para hacer más digestiva la edulcorada cucharada con la que se describe un mundo demasiado protocolario, he vertido en su confección ciertas dosis de desmadre temperamental. Todo bajo control de la intimidad, que no se escandalicen las mentes moralistas. Bueno, ahí está mi obra. Leerla entre elevaciones del ánimo, tan sólo depende de ti. Suerte, herman@.


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