12 de septiembre de 2015

En Aktau, Kazakhstan, de camino a Uzbekistán

 Aktau, Kazakhstan, 11 de septiembre de 2015


Es simpático esto de no saber qué vas a comer. La carta del restaurante está en kazajo, de inglés nada y fotos tampoco, sólo sabemos que comeremos sopa y pescado. El camarero llega y... ¡Uuaaaauuuu! Es mi sopa favorita, pura casualidad, mi sopa de yogur con apio, cilantro y arroz. No, craso error, se parece porque tiene leche agria y creí ver cilantro en la superficie, pero no lo es, lleva perejil, huevo, patata y la consabida mortadela en trocitos, también está buena.

La despedida de Baku fue más agradable de lo que esperábamos gracias a la visita al Museo de Arte Moderno. Una preciosidad de diseño interior y además un buen número de obras a disfrutar situadas en el edificio con arte y muy bien iluminadas. De lo mejor de Baku y casi nos lo perdemos.
Hemos entrado en Asia, otros rostros y esas pequeñas complicaciones derivadas del idioma y del desconocimiento del inglés por la población. La estancia en Baku me estaba dejando apática y fuera del viaje, demasiado tiempo parados y demasiada comodidad. Esto es otra cosa, volvemos al viaje con el aderezo de los pequeños esfuerzos por hacernos entender y las mínimas precauciones frente a engaños o robos. En el aeropuerto, al salir después de recoger los macutos, un pasillo formado por una doble fila de supuestos taxistas nos rodea, "Taxi!  Company!" Paso rápidamente más por agobio que por otra  cosa, preguntamos en información por los precios de los taxis, la empleada se pone claramente a favor de los taxistas, cuatro mil tenges que después de regatear directamente con el joven de ojos achinados y visera roja, taxista por libre, se quedan en dos mil. Un cierto temor por la hora, más de las diez de la noche, por los cinco o seis jóvenes que nos rodean y la falta de taxis oficiales es inevitable. El aeropuerto está a más de veinte kilómetros de la ciudad. Todo va bien. Tenemos una habitación simpática con lo imprescindible, ventana incluida. La ducha ¡para masajes! que no funcionan y sin alcachofa y un ciempiés nadando por la mañana en el vaso de agua son las anécdotas caseras.

Aktau es una sorpresa, me imaginaba una ciudad gris, nada agradable y me equivoqué. Paseamos por una larga avenida hasta el memorial de la segunda guerra mundial y bajamos al mar, lástima no haber pensado en coger el bañador; Alberto se baña en calzoncillos pero la playa está en la ciudad y no parece de recibo quedarme en bragas y sujetador.

Hemos conseguido los billetes de tren a Urgench , en Uzbekistán, sin demasiadas complicaciones a pesar del nulo inglés, a base de diccionario y transcripción de los nombres que aparecen en la guía, y, por supuesto, de la amabilidad e inteligencia de la empleada de una agencia de viajes. Mañana cogeremos el tren hasta Kungrad, veintiocho horas, y al día siguiente otro hasta Urgench junto a Xhiva, la primera ciudad interesante de las tres por las que pasaremos en Uzbekistán, la otras son las legendarias Bukhara y Samarcanda.

Imágenes:
Museo de Arte Moderno, Baku. Las dos primeras pinturas se titulan Adán y Eva y Ven y mira
Paseo por Aktau, Kazakhstan


















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