26 de julio de 2015

Parque Nacional Aladağlar. El divino turco

Aladağlar, Turquía, 25 de julio de 2015


Dos días de tranquilidad en Shafak Pension, bajo las montañas del Aladağlar. En medio una  caminata de cerca de diez horas hasta un lago con bajada de garganta incluida. Paisaje desolado en su primera parte y cuajado de flores y verde en la bellísima garganta. Como a mí las descripciones paisajísticas se me dan mal y ya he leído el post de mi chico que lo hace detalladamente y con su buen estilo, me remito a él http://elchorrilloviajar.blogspot.com.tr/2015/07/en-el-parque-nacional-ala-daglar.html?m=1 . Sólo añadir para el recuerdo lo bien que camino después de tanto tiempo encerrada en El Chorrillo. Bien, aunque los pinzamientos, los meniscos rotos y las tendinites me den la lata. Me siento satisfecha con el funcionamiento de mi cuerpo en estas lides, de hecho camino mejor que cuando era jovencita. Ayer, subiendo hacia el lago me acordaba de la travesía que hicimos juntos por primera vez en el valle de Lara, Pirineo, ¡vaya desastre! Siempre detrás, Alberto esperándome a menudo, aparte de otras cuestiones no muy agradables fruto de mis problemas personales y de un difícil comienzo de esa nueva etapa que comenzábamos a vivir. O de mi subida, años después, a Mulleres quedándome atrás con un quejido de "no puedo más" que debía de poner a prueba la paciencia de Alberto. Y en una visión más positiva Canadá hace unos quince años, el recorrido por el Jasper National Park que estaba marcado para tres días y lo hicimos en uno o el itinerario en la zona del Lake Louise adelantando a los más jóvenes.

Alberto volvió algo pachucho y retrasamos nuestra salida hacia Goreme. He cogido con tanto gusto esta vida cotidiana de lecturas y cine que me cuesta hacer planes. Había echado un vistazo a posibles lugares interesantes pero se me ha pasado de momento la tendencia a visitar ruinas, ver piedras como me dice Alberto, y museos así que presiento que vamos a repetir parte del viaje último que hicimos por estas tierras. En principio, después de Goreme, nos iremos a Dyarbakyr, ciudad de la que lo único que recuerdo es la estación de ferrocarril con una multitud cargada con mantas, cacharros y sacos a guisa de maletas preparada para asaltar el tren que nos llevaría a Izmir.

En aquellos años Dyarbakyr era, como ahora, la principal ciudad kurda. Los controles
del ejército detenían varias veces los vehículos que transitaban por el sudeste del país. Para nosotros era simplemente una pequeña molestia, el coche o autobús en el que viajábamos paraba, subían los soldados de turno y pedían la documentación, no tuvimos ningún problema. Esta mañana las noticias sobre Turquía que estuve leyendo me producían una cierta desazón. El temor de que la situación de paz en el país desde hace dos años en que el PKK, partido de los trabajadores del Kurdistan, firmó con el gobierno un cese de las hostilidades empeore con la ruptura del pacto y con la situación en la zona fronteriza siria. Los kurdos acusan al gobierno turco de connivencia con el Estado Islámico usándolo de tapadera para atacarles, principalmente a partir del atentado de hace días en Suruc. La discriminación hacia los kurdos en ámbitos como la lengua, la enseñanza, la no aceptación de su cultura y, sobre todo, la pobreza en la que se les tenía inmersos alimentó la lucha no ya por sus derechos sino también por su independencia. Ha sido un pueblo perseguido y ahora que luchan en sus tierras sirias e iraquíes contra el ejército Islámico no sería de extrañar esa utilización que denuncian. Cuando comenzó la guerra de los Balcanes no podíamos creer que aquella población que habíamos conocido, pacífica, amable, ocupada en su vida cotidiana, vecinos de distintas religiones y etnias, estuvieran matándose entre sí. "El problema no son las personas, es la política" nos decía anoche Hassan, el dueño de la pensión, refiriéndose a los kurdos. Cierto, hasta que nos convertimos en masa despojada de la capacidad de sentir, de analizar, de ver que lo importante en nuestra vida y en la de los demás es básicamente lo mismo.

Nos vamos a tomar un té y unas galletas. Mi chico me dice que yo ya he tomado posesión de la cocina cuando le miro como quién espera acción, sí señor, acción, levantarse raudamente, coger agua, encender el gas, poner unos sobres de té en dos vasos, traer las galletas de la habitación... Pero... estamos en una zona rural de Turquía y le da gustito ese contagio turco, vamos que actuaremos como mandan los cánones. Sí, soy una mujer turca.

Menos mal que me acaba de conseguir el Orfeo y Euridice de Monteverdi versión de Savall para esta noche. Y es que mi chico, además de paciente montañero, es divino, un divino turco.









1 comentario:

Beatriz Bastante dijo...

oleee, esos Madrileños por el mundo. Besitos desde Valdemoro.