1 de agosto de 2015

Diyarbakyr. Enamorada de los kurdos.

Diyarbakyr, Turquía, 1de agosto de 2015


Estuvimos en Diyarbakyr hace unos veinte años. Veníamos de Van y cogimos aquí el tren con destino a Izmir. Tengo un recuerdo vívido y claro de aquel viaje, creo que he hecho referencia a él en algún post anterior. Fueron tres días agotadores, yo llegué a Diyarbakyr desde Van con problemas de salud. En el departamento viajábamos una familia kurda con varios hijos de edades bastante distantes entre sí y nosotros. Compartíamos asientos, comida y niño. El chavalín tendría dos años como mucho, todas las noches me despertaban poniéndome al niño sobre las rodillas para que la madre pudiera descansar, para ellos era lo más lógico del mundo que fuésemos las mujeres las que nos ocupáramos del crío. El servicio estaba totalmente inutilizable dos horas después de salir de Diyarbakyr. A pesar de apenas dormir, el malestar que tenía encima y todos los inconvenientes añadidos el recuerdo es hermoso por la cercanía y la convivencia entre aquella familia y nosotros.

Veinte años después la Turquía que nosotros conocimos no es la misma. Hasta que llegamos a Diyarbakyr echábamos de menos el ambiente más pobre pero también más genuino, menos occidentalizado de entonces. La ciudad de Diyarbakyr está dividida por la muralla, el exterior es como cualquier otro país europeo, el interior conserva el ambiente propio de las ciudades árabes, vendedores de tabaco, té, ropa, zapateros, fruterías con sus puestos al aire libre, mujeres en su mayoría vestidas a la manera tradicional kurda... pero también pobreza como no hemos visto este año en otras zonas de Turquía. Pobreza, suciedad y olores de restos orgánicos de todo tipo en los barrios de callejuelas rodeados por la muralla y las calles principales. Es difícil entender la razón de esta diferencia de barrios desde el punto de vista del trabajo municipal. ¿Dejadez de las instituciones? ¿Recursos menores que en las zonas no kurdas? ¿Tipo de población? La discriminación hacia los kurdos ha sido terrible durante mucho tiempo y los pocos avances que haya habido no saltan a la vista.

Por otra parte la situación actual va a empeorar no sólo a la población kurda sino a toda Turquía. Ya lo relaté en un post anterior http://victoria-heitzmann.blogspot.com.es/2015/07/parque-nacional-aladaglar-el-divino.html?m=1.

Lo que no ha cambiado en absoluto es la simpatía, la amabilidad, la cordialidad de estas personas. Aquí, en Diyarbakyr, los trabajadores del restaurante donde comemos a diario, los del hotel donde nos hospedamos, pero también la gente de la calle dispuesta a acompañarte a una dirección por la que has preguntado (aquí el inglés ha desaparecido prácticamente) como el librero que nos llevó a la iglesia armenia que queríamos visitar o a invitarte a un té.

Uno de los recuerdos más simpáticos que me voy a llevar de esta ciudad son los cigarrillos que fumo cada noche en compañía de los tres trabajadores del hotel. En cuanto aparezco en la recepción me ofrecen uno asiento, un té, se levantan a buscar un cenicero e intentan cruzar algunas frases sobre lo que aparece en la tele o sobre los kurdos, naturalmente la conversación no pasa de dos o tres palabras y unos cuantos gestos. Cuando el silencio, irremediablemente, llega al más joven le entra la risa y contagia al resto, incluso a mí. Creo, por cómo se pone la mano delante de la boca tímidamente, que se ríe de la situación pero aunque no fuera así me daría lo mismo, me encanta verle reír. Me enamoran los kurdos, esos ojos oscuros y profundos rodeados por largas pestañas, su mirada tímida y tierna, nada que ver con los turcos de bigote espeso y cuerpo robusto que también en ocasiones, pocas, pueden tener su atractivo. Ya durante el viaje anterior me enamoré de los los kurdos y no han cambiado, así que enamorada continúo.

Mañana nos vamos a Van.

Imágenes :
Las cuatro últimas son del viaje anterior.

















2 comentarios:

Beatriz Bastante dijo...

que bonitoooo, me encanta.

Beatriz Bastante dijo...

que bonitoooo, me encanta.