7 de enero de 2016

Adolescentes en Borobudur, Indonesia

Yogyakarta, 7 de enero de 2016


Mañana de amanecer en Borobudur y visita al templo budista, espectacular en su estructura y con algunos relieves que merecían la pena aunque un tanto repetitivos. Mucho más interesante la gente, especialmente un buen número de grupos de adolescentes, cada uno de ellos con su diferente uniforme, verdes, amarillos, azules, nada de tonos serios, que alternaban las explicaciones de los profes con risas, bromas y alegría a tope. Esta mañana me interesaban más los chavales que la arqueología, a ellos les sucedía lo mismo, nunca había posado ante un selfie en compañía de adolescentes, hoy también con mujeres, eso sí, los hombres imposibles, de ellos no sale y yo no me atrevo. 

Hace unos días Alberto y yo hablábamos de cómo nos plantearíamos la vida si volviéramos a iniciarla. Y aquí, entre cuestiones quizá más íntimas o personales, yo me reafirmaba en la importancia que mi trabajo de profe de adolescentes ha tenido para mí, y en que dedicaría de nuevo una parte de mi vida a educar a adolescentes, aunque en distintos ambientes y lugares. Es algo que se siente a flor de piel, surge libremente la atracción por fotografiarles, por compartir unas sonrisas o unas palabras con ellos y en muchas ocasiones también con los profes que les acompañan.

Hoy me olvido de descripciones turísticas o históricas, unas cuantas fotos del amanecer en Nirvana Sunrise, algunos relieves del templo que me llamaron la atención por su temática o los rostros de las figuras y el resto para el recuerdo de mis secundarios madrileños, tanto para los macarrillas que me dieron la vara o incluso me lo hicieron pasar mal, porque de ello se aprende, como para los tranquilos, responsables y sensatos, que de todo hay en esta edad tan bonita y tan complicada a la vez.

 






























1 comentario:

Ana Jordan dijo...

Juventud divino tesoro.....