1 de enero de 2016

Fin de año en Yakarta

Yakarta, 1 de enero de 2016


De nuevo por el mundo. Desde ayer, Yakarta. Un mes en Madrid sin casi respiro, los últimos días de mi madre, su muerte, el entierro de sus cenizas bajo un lilo en nuestra parcela, toda la familia junta desde los más vejetes, somos los próximos comentó sonriendo levemente Alberto, hasta los cuatro peques Marta, Saul, Ainara y Paula y después lo de siempre en estos casos, papeleo, recoger el piso alquilado de mi madre... Vuelvo a vivir por el mundo acompañada de un sentimiento familiar muy fuerte.

Gentío, calor húmedo, tráfico casi insalvable cuando se quiere cruzar una avenida, diluvio nocturno, tormenta, una calle, Kebon Sirih Timur, de restaurantes, tiendas y puestos ambulantes de comida, una rica cena (hemos vuelto a Oriente) en el día de llegada. Todo en nuestro barrio, Gambir, en el centro de la ciudad. Hoy, ya sintiéndome de nuevo en casa y habituados ya a un hotel que en principio no nos gustó, pasamos el día en la terraza.

Fin de año. Casi por casualidad, tras una visita a la modernísima mezquita principal, la mayor del sudeste de Asia, construida por Sukarno, Mesjid Istiqlal y que está frente a la catedral católica de 1901 con dos torres hermosísimas, nos encontramos con una multitud que entraba en el parque de Gambir, lleno de puestos ambulantes de comida, los kaki lima, carros conducidos por bicicletas, y en el suelo o sobre pequeños mostradores venta de camisetas, abalorios, bebidas, helados y chucherías, un comercio que también ocupa las calles más populares; paseamos, comemos ketoprak, un plato de fideos de arroz, tofu, pepino y salsa de cacahuetes (esta vez estamos dispuestos a saber lo que comemos) y acabamos en el centro del parque. De momento sólo hay fuegos artificiales, faltan dos horas para las doce ¿campanadas?, familias, grupos de amigos y alguna que otra pareja solitaria esperan sentados en el suelo o la hierba que rodea el Monas, el monumento nacional, una curiosa columna iluminada por dentro con la figura de una llama en lo alto. Minifaldas, pantalones, camisetas de tirantes revueltos con velos, chadores en total armonía y naturalidad.

Las doce. Estrépito de fuegos artificiales y gritos alegres de la gente. Lo que hace la masa... se me ha puesto la carne de gallina y he sentido escalofríos.

Las calles están llenas de gente, y la calzada abarrotada de coches, carros adornados, motocarros-taxi y sobre todo motos y más motos. Son las dos de la mañana, conseguimos una mesa al aire libre en uno de los muchos restaurantes de Kebon Sirih Timur, justo antes del diluvio nocturno y cenamos. Pfff... picante a mogollón, pero riquísimo plato, tomyum, una sopa con cebolla, chili en cantidad, galangal (creo que una especie de jengibre) y pollo el mío, gambitas el de Alberto.

Cuatro de la mañana, hora de dormir.


















1 comentario:

Ana Jordan dijo...

Bonito fin de año , sin capanadas pero con preciosos fuegos. Buen viaje. Os seguimos.