5 de noviembre de 2015

China, ni blanco ni negro sino todo lo contrario.

Shanghai, 1 de noviembre de 2015


El desconocimiento que tenemos de la realidad china está, como el de otros países por los que hemos pasado limitado, y, en ocasiones, tergiversado por los medios de comunicación unas veces en aras de los intereses económicos y políticos occidentales y en otros casos por la falta de información sobre lugares considerados lejanos como sucedía con los países de Asia Central. Al viajar durante un tiempo largo, lo que permite observar los distintos ambientes, la forma de actuar, de relacionarse, de divertirse o, incluso, de hábitos tan aparentemente poco significativos como el vestido, la manera de arreglarse, o la manifestación del estado de ánimo mediante el predominio de la seriedad o la sonrisa, ese viajar, decía, pone al descubierto las dudas sobre la visión que hasta ese momento teníamos del país en cuestión y de sus habitantes y surgen con la fuerza suficiente como para plantearse la necesidad de conocer más a fondo y con las menores trabas posibles lo concerniente a los problemas y las virtudes de la vida cotidiana de sus habitantes. Ya en otros lugares pensamos en ello viendo, por ejemplo, la seriedad casi rayando en la falta de vitalidad de los tajíes habitantes de un país dominado hasta el límite por un personaje megalomaniaco que aparecía fotografiado en grandes carteles cada pocos metros en ciudades y carreteras de todo el país, o la actitud excesivamente humilde de los kirguíes frente a la actividad y viveza de los kazajos o más aún de los chinos. Se podría decir que las razones son temperamentales, propias de una raza o una etnia, y algo de eso hay, pero a poco que se observen otros aspectos como la riqueza o pobreza de una parte mayor o menor de la población, la organización de lo que compete a la vida diaria, el transporte, los lugares de distracción o de relax, la comunicación entre ellos, se descarta en buena manera la razón de su origen étnico para tener más en cuenta las circunstancias políticas, sociales y económicas del país en cuestión.

Y esto es lo que ayer, en el People's Park de Shanghai nos planteábamos. Por ejemplo dónde está el límite respecto a la libertad y la cobertura de las necesidades básicas de la población o incluso de la posibilidad de un crecimiento económico mayor. Hay muchos puntos que aclarar para tener una opinión fundada e independiente de lo que la visión costumbrista que tenemos acerca del país y de lo que los medios de comunicación nos cuentan. Los datos son importantes, como lo son en el caso de Venezuela por poner otro ejemplo. Cómo están distribuidos los impuestos, en qué condiciones invierten los grupos financieros y las empresas extranjeras... Sabemos sólo que el paro en el total del país es de algo más del seis por ciento y en las zonas urbanas del cuatro, que el noventa y cinco por ciento aproximadamente está dentro de la seguridad social, pero también que la sanidad tiende a privatizarse y que la diferencia entre las regiones es grande. No hay conclusiones claras pero la calle aporta esas dudas importantes a tener en cuenta: apenas gente pidiendo, sensación de seguridad en las calles, consumo importante, una amplia clase media y unas mujeres, muchísimas trabajando en puestos de todo tipo, con aspecto de independencia y de seguridad en ellas mismas.

Nada que ver la observación de la realidad del día a día con la utilización única de los medios informativos.





















2 comentarios:

Ana Jordan dijo...

Qué alegría saber de vosotros!. Vemos que continùais con vuestro viaje. Necesitaremos muchas horas para que nos contéis todo lo que estais viviendo. Bss

Noches de luna dijo...

¡Qué bien! Mmmmmm horas con cerveza acompañando. Besos